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cuidadokechema

Las islas eolias 04.12

En un segundo asalto de Sicilia, me voy directamente a las Islas Eolias (de Eolo, dios de los vientos), que están según se sube a la derecha.

Todas ellas volcánicas, todas mediterráneas, con sus higueras y sus limoneros y, de vez en cuando, un chute de azahar que ahora toca. Igualito que nuestra tierra, o mejor, como quisiéramos que estuviera nuestra tierra y, sobre todo nuestras islas.

Aunque bien es cierto que son patrimonio de la humanidad y todas ellas parques naturales, también hay que reconocer que no han edificado ninguna finca de altura y, posiblemente por la difícil situación, están poco habitadas, pero la realidad es que están pero que muy bien conservadas.

Lipari es la mas poblada y los sicilianos no han perdido el tiempo para ordeñarla turísticamente todo lo posible, aunque los precios en abril  son ligeramente contenidos no quiero ni pensar como deben ser aquí los veranos con el rosario de turistas que vienen.

Cada isla tiene su volcán y sus cositas. Así Vulcano goza de unos lodos de azufre bien calentitos que te dejan la toalla para tirarla a la basura y el cuerpo oliendo unos días, pero la mar de terapéuticos. Panarea con su vegetación singular, y, sobre todo Strómboli que es indiscutiblemente la reina de la fiesta, con un volcán activo permanentemente con sus escupitajos de lava y sus humos todo el rato.

Después de haber disfrutado en el Amazonas de un ‘’crucero de pobres’’, decido ascender de clase social y contrato una excursión que resulta ser un ‘’crucero de clase media’’, mayormente de jubilados europeos que, con la excusa de llegar desde Lipari a Strómboli, pasando por Panarea, se para en todas las calas bonitas y rodea los islotes rocosos con el objetivo principal de buscar lugares que fotografiar porque la clase media hace fotos de todo.

El día no sale muy favorable, llueve de vez en cuando y el mar está un poco nervioso. Hay varias ocasiones en que se cumple a rajatabla lo del barco como una cáscara de nuez en el océano, en este caso el Mediterráneo, porque la Principessa, que así se llama el barquito, aunque moderno y de clase media, es mas bien pequeño.

Mi visita a Strómboli estaba pendiente desde hace mas de veinte años cuando ví la peli y este viaje demuestra que no hay que desesperar, que todo llega.

La isla es magnífica, la han conservado de forma espléndida, con sus placas solares, sus pocas calles estrechas y sus coches eléctricos. En la parte oeste, Ginostra es un pueblo al que no se puede acceder mas que en burro, donde todos los vehículos, incluso los eléctricos, están vetados.

El crucero tiene previsto que se haga de noche en Strómboli para poder ver, y sobre todo fotografiar alguna que otra fuente de lava que por la noche se ve mejor y mola mas, pero el tiempo no acompaña y, cuando la Principessa se para bajo el volcán para que las clases medias apunten con sus cámaras para llevarse los escupitajos de lava a casa en formato digital, el mar se cabrea y comienza la montaña rusa donde no sabes si encarar la cámara o protegerte de la vomitona de una vieja de mi edad, de mas arriba de Hamburgo que se acaba de poner blanca tirando a azulada y ha puesto los ojos en blanco.

El tiempo va pasando y el volcán solo nos ha regalado una llamarada, así que todo el mundo sigue preparado con sus cámaras esperando otra que no llega.

El volcán que aseguran tira una vez fuego cada diez minutos lleva mas de media hora con una sola llamarada (¿habrán llegado hasta aquí los recortes?).

La Principessa ya se ha convertido en el balancín de la feria.

Il capitano advierte que puede entrar agua por la puerta de atrás y que estemos preparados.

Me dirijo al contramaestre y le pregunto ¿ siamo securi? A lo que sin pensarlo me responde: ‘’secura, la morte’’.

Miro a mi alrededor buscando la presencia de chalecos salvavidas de esos que te ponen en la Golondrina del puerto y no veo nada.

Cuando ya te habías emocionado con la naturaleza sostenible y el respeto al medio ambiente, piensas que estas en Sicilia, que el cumplimiento de las leyes en esta parte del mundo está como está y que, salvo la muerte, nada es seguro.

 

 

 

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