Blogia
cuidadokechema

París en abril 04.11

Tópico de mil amores de película, la primavera parisina si no viene acompañada de lluvia es muy estimulante.

Las parejas que se besan junto al Sena componen una postal repetida al infinito.

Alojarse en Chateau Rouge, en casa de la bien querida María es como hacerlo directamente en África: el contraste entre el negro de la piel y los colores chillones de sus atuendos, la compra-venta de cualquier cosa por parte de todo el mundo, el ir y venir de adultos, niños, bultos, furgonetas desvencijadas, bolsas de compras imposibles, añadidos de pelo liso sobre cabezas ensortijadas, muchachas negras teñidas de rubio, y todas las características de los subsaharianos componen una geografía donde la minoría blanca no parece ofrecer signos de marginación.

Cien metros más arriba, dirigiéndose al Sacré Coeur, París vuelve a ser ella misma, con todos los ingredientes de postales o películas.

En la puerta del restaurante donde doy cuenta de un cous-cous, se arremolinan un buen puñado de africanos que han cortado el tráfico dejando atascada a una furgoneta de reparto que pita sin cesar. Un hombre negro vestido totalmente de blanco (traje, corbata y zapatos) espera orgulloso en la acera. Acuden su esposa vestida a la europea formato bodas y su hija, como de primera comunión con un ligero toque sexy. Los observadores van aumentando hasta que, de pronto, aparece una limusina blanca, cuyo conductor baja y les abre las puertas. Ellos se resisten a entrar porque pretenden saludar a todos los asistentes a tal evento, mientras la furgoneta atascada y con prisas sigue dándole al claxon poniendo el fondo musical al acontecimiento.

Entran, comprueban las prestaciones con las puertas abiertas, a continuación las cierran y, emulando a nuestra reina, saludan al respetable con la mano formato limpiaparabrisas mientras la limusina se aleja y la manifestación se dispersa: el espectáculo de hoy ha terminado.

Por la noche, donde África tiene su frontera invisible con Europa, algo nuevo en este viaje y posiblemente consecuencia de la crisis: muchachas africanas practicando el oficio más antiguo del mundo con el control riguroso y continuo de sus parejas o protectores masculinos, que París es muy bonito en primavera pero con algunos euros es mucho más romántico.

 

 

0 comentarios