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cuidadokechema

Lisboa 06.09

 

Metrópolis exquisita y educada pero a los negros les tutean.

El fado siempre presente, te transporta a atmósferas de amores imposibles, de sometimiento y de mucho sufrir.

 

El primar el pescado sobre la carne en la alimentación básica, confiere un aire pacífico (la carne siempre genera violencia).

Sin embargo, siendo tan pacífico, Portugal no fue bombardeado en los últimos siglos, seguramente porque pillaba muy lejos.

 

Solo las catástrofes naturales han estropeado el patrimonio que se conserva como el primer día.

Aquí, hasta la revolución del 74 fue pacífica: claveles en los fusiles.

 

Estas circunstancias convierten a los portugueses en pacíficos  nostálgicos: un lugar ideal para retirarse y buscar pareja y cobijo, si eres capaz de capear el sufrimiento ajeno con una actitud de exquisita melancolía en el saber escuchar.

 

En Europa no cuentan porque son pocos. Podrían ser más juntándose con los brasileños pero los consideran ‘sudacas’ y no les hacen mucho caso, y a los llegados de Mozambique, Angola o Cabo Verde los relegan por su color.

 

El Tajo abre de piernas a Lisboa para poder ser penetrada por todo lo que llega del más allá.

 

Sumidos en la tristeza del fado, en el cansancio de subir colinas y escaleras y en la mirada perdida en el Atlántico, Lisboa es el culo exquisito de la vieja Europa, la costa de la melancolía. Un lugar ideal para aparcarse en espera de convertirse en cenizas.

Y no sospechan que desde España les envidiamos.

Menos mal que nos queda Portugal.

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