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La triple frontera

Se trata de una esquinita en el mapa donde confluyen los tres países: Perú, Colombia y Brasil, con sus tres poblaciones: Santa Rosa, Leticia y Tabatinga, todas ellas junto al Amazonas y todas ellas incomunicadas por tierra y rodeadas de selva.

Es un lugar muy ‘delicado’ donde nadie te pide documentación a no ser que quieras regresar por alguno de los tres países.

Tres formatos de ciudad, tres monedas diferentes y todos los habitantes calculando los cambios para ganarle algunos pesos, soles o reales al visitante.

Pagas en una moneda y te devuelven en otra, y si encima traes dólares o euros tienes que añadir un cambio más que son tres mas (tres,  cuatro o cinco elementos tomados de dos en dos), y una regla general: el visitante siempre pierde.

Por aquí siempre se ha dicho que entra y sale de todo (armas, drogas y otros enseres) en todas las direcciones.

Elijo Leticia (Colombia) para alojarme porque parece que es algo mas barato y tienen buen café, pero hay que ir a Tabatinga (Brasil) para comprar (en reales) el billete del barco a Manaos. El viaje en una moto-taxi (motos conducidas por muchachos que te ponen un casco y te sientas detrás) lo pago en soles peruanos que aún quedan, pero cuando trato de pagar el billete del barco en dólares me dicen que no, que está fluctuando mucho y ese día no toman dólares, así que tengo que ir al banco a sacar reales. La verdad es que resulta muy entretenido pero tienes que estar muy atento porque es una de las fuentes de financiación de este territorio: el descontrol del visitante ante las fluctuaciones monetarias.

 

En los bares de Leticia suenan cumbias y la gente toma café y habla castellano.  En Tabatinga, sin embargo suena samba y toman guaraná y caipiriñas. Parece que todo el mundo esta llamado a defender lo suyo para diferenciarse del otro, del vecino, que alguna vez fue también su enemigo.

Aquí el Amazonas recoge las aguas del Putumayo y todavía se hace más ancho y caudaloso. Esta zona en los comienzos del siglo XX  fue el único centro de producción de caucho para hacer neumáticos y enriqueció hasta límites insospechados a Manaos  e  Iquitos a costa del sufrimiento y el exterminio de miles de indios de la selva a los que hicieron trabajar en condiciones inhumanas para sacar el preciado líquido.

El ambiente general en los tres lugares es de no fiarse de nadie. Esto tiene fama de estar pasando de un lugar a otro drogas, armas y electrónica y la gente tiene un aspecto un poco especial. No es lugar para quedarse mucho tiempo.

A finales de octubre se celebran elecciones municipales y regionales y los candidatos ponen carteles por todas partes. En uno de ellos el slogan no puede ser más prometedor, aunque la ortografía no se la revisaron:

 ‘ Con Dios en tu corazón encuentras la suluzión’

Algunos de los candidatos en cualquier lugar civilizado serían detenidos solo al verles la cara en la foto que le han puesto en los carteles.

Salgo de Leticia antes de que se caliente la campaña electoral y volvemos a navegar.

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