Blogia
cuidadokechema

Manaos 10.11

Había leído tanto sobre esta ciudad que forzosamente tenía que decepcionarme.

A principios del siglo XX, cuando descubrieron que vulcanizando el caucho se podían hacer ruedas para los coches y que el único sitio del mundo donde crecía el árbol era en el Amazonas, Manaos llegó a ser tan rica que aseguran los cronistas de la época que la gente pudiente mandaba lavar la ropa a Londres.

Construyeron un teatro de ópera y algunos palacios trayendo los materiales desde Europa: cristales de Murano, junto a Venecia, mármol de Carrara en Italia y muebles y decoradores de París y Londres principalmente.

Se hicieron tan ricos que fue la primera ciudad en Brasil que tuvo electricidad o tranvías.

Todo se hizo a costa de los pobres indios que fueron tratados como esclavos o simplemente exterminados.

Aunque la riqueza llegó hasta Iquitos, fue aquí donde se vivió la ‘época borracha’ con un despilfarro y un lujo no imaginable en ninguna otra ciudad del mundo.

Pero los ingleses que no son tontos se llevaron algunos miles de plantas a Malasia y a los pocos años el esplendor de Manaos se vino abajo.

Solo cuando en la segunda guerra mundial, Japón invade Malasia y controla el caucho empieza Manaos a resurgir.

Naturalmente, al terminar la guerra y rendirse los japoneses, vuelve a sucumbir.

Mientras tanto la ciudad se fue haciendo grande y a finales del siglo XX para darle un empujón (no olvidemos que se trata de una ciudad en la selva y a muchos kilómetros de la civilización) y la hicieron zona franca, libre de impuestos.

Entre unas cosas y otras ha ido creciendo hasta sobrepasar los dos millones de habitantes.

 Aunque los restos del esplendor están en el centro, cuando te alejas un poco te encuentras polígonos industriales, fábricas de coches o tecnología y todas las mierdas de las ciudades europeas pero sin planificar, sin estructurar quedando así convertida en un caos lleno de coches sin carreteras para circular y con un transporte público de pena.

Encima parece que la economía de Brasil va muy bien y que también parece que están sobrevalorando su moneda así que resulta un poco caro para el bolsillo de los jubilados españoles y su ‘paguica’.

Manaos no está preparada para recibir turistas ni visitantes, y el centro histórico, durante el día es un mercadillo repleto de trastos chinos, móviles, tiendas de ropa donde todo el mundo vende algo.

Al anochecer, como a las seis de la tarde, cierran todo y desaparece todo el mundo que debe vivir en los alrededores y la calle se queda desierta con los habitantes de la noche, sin un bar ni un restaurante abierto y el visitante blanco se siente inseguro.

De toda la gente que conocí en el último crucero, todos han salido corriendo de aquí y  yo me voy también.

Por si fuera poco, no les entiendo ni me entienden nada, todo lo contrario que en Portugal y se supone que hablan lo mismo.

Como tengo que estar dentro de quince días en Medellín, Colombia, para encontrarme con Sergio y su tropa en el festival de teatro,  he pensado que habrá que hacerse la idea y empezar dicho país que ya le voy teniendo ganas.

Salgo para Santa Marta en el caribe colombiano, no muy lejos de Barranquilla y de Cartagena de Indias que parecen lugares entretenidos.

0 comentarios