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Chiclayo : la foto imposible 11.08

Chiclayo está junto al Pacífico y se hace llamar ’la ciudad de la amistad’.

Tiene un mercado muy parecido al de cualquier ciudad árabe y es famoso porque en el hay una sección de curanderos y puestos de hierbas donde se pueden encontrar desde cactus alucinógenos hasta cualquier otra sustancia de lo más exótica.

Próximo a los herbolarios están los puestos de carne, y en ellos una carnicera entrada en carnes, bragada y con cara de pocos amigos que ha puesto sobre un trozo de tronco un costillar de vaca que al parecer se le estaba resistiendo.

La carnicera, cuando llegamos a su territorio, ha cogido un hacha de tamaño considerable, se ha espatarrado frente al costillar y ha empezado a darle hachazos.

Nosotros nos hemos quedado sin habla con la escena, pero sus vecinos lo han visto como cotidiano. El costillar se le ha resistido al principio, pero aquella ha seguido dándole como si se tratara de ’La matanza de Texas’  hasta que se ha

hecho con el.

No se si pediré una costilla de vaca durante algún tiempo.

Inolvidable.

Los bichitos de Iquitos 11.08

La vida te dá sorpresas, y, a pesar de las innumerables vacunas de fiebres amarillas, cóleras, malarias y algunas mas, no habiamos contado con otro bichito, esta vez un mosquito (sancudo en lenguaje local), que parece que ha llegado desde Brasil y que está haciendo estragos.

Se llama dengue y si te pica, durante unos dias no notas nada y de pronto te pones a parir de fiebres y dolores por todo inmovilizándote mas de una semana.

Casi todo el mundo conocido tiene un familiar al que le ha tocado ese premio, y, cuando, por otras circunstancias que no vienen al caso, hablamos con un médico nos dice que cada dia hay mas casos. Socorro. Y nos vamos, que uno recuerda el Viet-Nam y las fiebres asiáticas y no tiene madera de héroe.

Próxima estación : Tarapoto, entre la cuenca amazónica y los Andes, pueblo mas feo que su nombre y con un tufillo de narcotraficantes (cochazos descomunales, gente muy excitada), y nos vamos a Moyobamba, mas tranquilo, al que llaman ’la ciudad de las orquídeas’ y donde, por fin el clima se ha suavizado un poco.

De aquí iremos acercándonos al Pacífico (que es cualquier cosa menos pacífico) y atravesaremos los Andes en autobús nocturno, a ver que dá de sí esta zona.

 

Lima de nuevo 10.08

Lima de nuevo  10.08

Lima de nuevo.

Que tendrá lima a la que todos se arriman?

Sigue igual de caótica, igual de destartalada y todos siguen acudiendo aquí.

La Municipalidad asfalta o repara las calles y de pronto se deja un agujero sin tapar donde van pasando autos (si lo consiguen sin romper amortiguadores), a paso lento produciendo atascos de horas.

Este año tampoco han terminado una especie de trolebús que atravesará toda la ciudad para agilizar el transporte público, ya falta menos.

Estas viendo una película subtitulada y minoritaria cuando suenan los móviles y la gente los contesta. Los taxistas te explican la media docena de veces que lo asaltaron en los últimos meses. Ayer, para convencer a un los propietarios de las tiendas de un  multicentro de productos falsificados (cds y compañía), famoso en la ciudad con un nombre peculiar: Polvos azules,

La constructora de turno mandó (para amedrentar a los vendedores),  a unos 60 individuos que de pronto se pusieron a disparar ‘al aire’ y a blandir objetos punzantes ante la mirada aterrorizada de los clientes (yo estuve el año pasado en ese lugar), y la defensa con barras de hierro de los propietarios cooperativistas: 40 detenidos.

 

El gobierno ha sacado una ley para controlar las armas: si entregas las que tienes antes de 180 días, te premian, si te las pillan después de los 180 días, te castigan.

 La ley especifica que se trata de pistolas, armas largas, granadas y explosivos, para que no quede duda.

 

Ayer fuí (acompañado, naturalmente) a visitar el cerro de san Cristóbal, desde el que se ve toda la ciudad (mas o menos). El trayecto lo hace una ‘combi’ (especie de furgoneta pequeña y repleta de personal) con guía incorporada: turismo peruano para peruanos por cinco soles (1,25 euros).

Al pie del cerro esta Cimac, un poblado que desde lejos parecía idílico, con casitas pintadas de colores vivos, pero la guía, al llegar nos advierte que cerremos todas las ventanillas y que guardemos (si tenemos) las cámaras.

Una vez pasado el poblado,  la guía anuló la orden.

 

Desde arriba del cerro,  nos invita a ver el barrio mas grande de Lima (millón y medio de habitantes), donde parece que hay calles que  están asfaltadas y otras que no,  y que un europeo no entra sino de la mano de alguna ong.

La carretera de subida y bajada es muy estrecha y parece imposible que dos vehículos se puedan cruzar. No hay barreras protectoras (solo algunas piedras que cayeron del cerro y las arrimaron para no molestar), lo que hace que cada vez que se cruza nuestra combi con alguien la cosa se ponga dramática, momento que aprovechan los pasajeros para preguntarle al chofer o a la guía cual es la curva donde se cayó la combi y murieron tantos. Entre el pasaje no hay consenso sobre el número de muertos y es que a los limeños, cuando los dejas, todos se van al culebrón.

Las discotecas tienen un señor en la puerta que cachea al personal buscando armas para garantizar en lo posible el orden. A pesar de esto, hay un cartel que te dice que si tienes problemas de violencia que llames a este teléfono.

En el parque Kennedy hay un anfiteatro donde la gente expresa gratuitamente por las tardes sus artes. El jueves tocaba poesía, y el rapsoda, después de darnos a conocer sus últimas inquietudes nos ofrece el libro a 0,50 soles  (un euro= 4 soles) que nadie compra.

En el hotel un señor (peruano) me ve leyendo y quiere regalarme un libro que tiene para que lo lea. Le advierto que yo leo solo los libros que me apetece y no todos los libros del mundo y casi se ofende.

En un restaurante que frecuento y que es de alto copete, todos los días se celebra algún santo (cumpleaños), y el camarero que los atiende se ayuda del resto de camareros y durante unos momentos montan un coro para cantar el cumpleaños feliz con ritmo de palmas al final y aplausos incorporados: la gente esta encantada.

Los periódicos vienen llenos con los padecimientos de una locutora de telebasura que han metido en la cárcel por pasarse media docena de pueblos. Casi nadie habla de que este mismo mes han dimitido a todo el gobierno por corrupción.

Pero la economía peruana sube a un ritmo más deprisa que los países vecinos y hay optimismo generalizado.

 

Hoy he ido (acompañado también) a comer a un barrio del norte. La combi ha tardado hora y tres cuartos y hemos tenido dos visitas: un salvador del mundo que después de ilustrarnos sobre la dignidad humana y la corrupción reinante, ha vendido unos libritos (1 libro, un sol) que parece que versaban sobre la buena crianza de los hijos y sobre las maneras de triunfar: ha vendido un montón.

 

El otro (ciego) nos ha explicado lo duro que es ser ciego y ha pasado después una bolsita de plástico para las propinas: casi nadie le ha dado.

La combi invita a agarrarse bien a las barras porque en frenazos y arranques casi siempre sale alguna niña o niño despedido de su lugar hasta el final (o el principio) del bus, pero casi todos dormían y es que el trayecto era muy largo.

El paisaje, sin desperdicio, como para no bajarse a comprar tabaco, pero que tendrá Lima a la que todos vienen (dicen que pasa de 12 millones), ocupan los cerros que quedan libres.

Entre el paisaje y la crisis llevo dos días sin ver ningún extranjero.

Nos iremos para Iquitos a ver si con el calor y la selva ampliamos horizontes.

 

 

Cruceros y fronteras 11.08

Cruceros y fronteras  11.08

 

 

El trayecto entre Iquitos y las fronteras de Brasil y Colombia es forzosamente fluvial con dos versiones: una lancha rápida que tarda unas doce horas, utilizada generalmente por turistas y hombres de negocios y unos barcos de mercancías que tardan dos noches y casi dos días para el pueblo soberano.

El barco tiene dos especies de salones donde se cuelgan más de 150 hamacas y media docena de camarotes.

Como es natural, las agencias de viajes no informan sobre este transporte y la oficina de turismo te sugiere que vayas al puerto pesquero y que hables directamente con el buque. También te advierten que a dicho puerto vayas por el día y a ser posible acompañado porque hay un ambiente especial.

Y así lo hacemos, pero el primer barco que vemos nos tira de espaldas de mugre y decidimos salir otro día.

Nos advierte el capitán que, aunque la salida es a las ocho de la tarde y tenemos camarote, vayamos tres horas antes para llegar con sol.

La parte mas baja va cargada de mercancías (cargadas a espalda, naturalmente por la tripulación) y van descargando en cada una de las infinitas aldeas que se han ido instalando a las orillas del Amazonas, y dejando o cogiendo pasajeros.

La administradora de nuestro hotel nos dio algunos consejos  antes de contratar este crucero: aunque en el pasaje va incluida la comida, nos recomienda comer a la carta ‘porque aquello no se lo comen ni los peruanos’,  comprar un candado para sustituir al que tiene el camarote (por si acaso), controlar en todo momento las pertenencias y cosas por el estilo.

Naturalmente que no nos pasó nada y disfrutamos de un viaje fantástico sin ningún incidente y haciendo tantos amigos para siempre  como cervezas estés dispuesto a invitar, eso sí, armándose de valor cada vez que había que usar los servicios o la ducha que estaba colocada sobre el inodoro (costumbres arraigadas de clases medias europeas difíciles de entender por los peruanos de las hamacas)

La llegada a las tres fronteras (santa Rosa en Perú, Tabatinga en Brasil y Leticia en Colombia), separadas por el amazonas la primera y por una calle las otras dos, si que nos deparaba algunas sorpresas.

Paradójicamente, la parte colombiana es la más segura (contrariamente a lo que cualquiera pudiera esperar), pero las otras dos, ruta de cocaína y armas, parece que están muy calentitas.

Santa Rosa son cinco o seis casas, de las cuales dos son de policía y las otras hospedajes. Se va la luz todos los días a las seis de la tarde y nadie conocido nos aconseja  hacer noche en ese lugar.

Hay asesinatos frecuentes (la semana pasada un policía).

En Tabatinga, el taxista nos dice que hay 70000 habitantes y doce policías, y que el lunes pasado mataron a tres, y el martes las familias recibieron una nota pidiendo disculpas porque ‘se habían equivocado’.

Nos instalamos en Leticia que es muy tranquila, aunque cuando escribieron la guía que llevamos decía lo contrario.

Como el objetivo de llegar hasta Manaos parece que no va a cumplirse (son cinco días y cuatro noches de crucero), nos volvemos para Iquitos.

Hemos contratado una barca  para ir a Santa Rosa a las tres de la mañana y salir de estas pesadillas, así que aquí queda el testimonio por si alguien tiene que venir a buscar a alguien.

 

 

Final feliz y regreso a Iquitos 11.08

Tal y como era de esperar, el barquero que tenía que venir a recogernos al hotel a las 3,30 de la mañana no apareció.

Tuvimos que buscar un taxi de los que todavía reubican putas a esas horas para acercarnos a la peligrosa Tamatinga a tomar otro barquito.

Ya parecía que todo estaba resuelto cuando fuimos a aterrizar frente al policía peruano encargado del control de aduanas en santa Rosa (cinco casas y fin).

El susodicho pasma, con la cara mas dura que el valle de los caídos, nos exige el sello de la aduana de Colombia que está en el aeropuerto por si alguien sale y que nadie lo tiene de entrada porque las tres ciudades (o las dos ciudades y santa Rosa) tienen una especie de convenio de libre circulación donde nadie se escapa porque la selva les rodea.

Insiste en que el sellito, pero él, que es muy bueno nos va a ’regularizar’ la situación, es decir, nos va a pasar a Colombia y regresar a Perú, para lo cual pondrá un sellito en el pasaporte y lo adornará con una rayita y ya estás regularizado. Naturalmente que estas operaciones son costosas: 50 dólares de los que están subiendo por cada uno (mas que el sueldo de un mes del sujeto).

Una de las noticias que nos dieron anoche (en santa Rosa mataron la semana pasada un policía), lejos de inquietarnos nos complace y nos invita, como en los conciertos a pedir ’otra’.

Cuando le digo que si tendría inconveniente en darnos una factura por el cobro, se va la luz y me dice que para la factura tendré que acompañarle a tres cabañas mas arriba, mientras un par de sujetos detrás de el me contemplan con cara de lástima.

Le contesto que no quiero facturas y que estoy encantado de estar tan bien regularizado y nos subimos al barquito.

Una historia así te pone con ganas de ir a la prensa o montar algún pollo, pero en un país donde acaban de dimitir al gobierno en pleno por corrupción y no encuentran a uno de los ministros que se les ha escapado, no creo que por cien dólares nadie se moleste ni en escuchar.

Ya estamos de nuevo en Iquitos y es como volver a casa, y es que las leyes de la selva tienen sus porqués.

Iquitos 11.08

Iquitos    11.08

Iquitos se comunica con el resto del Perú solamente por el rio (Amazonas o afluentes), y por aire.

Solamente hay una carretera que va a Nauta (unos 90 km), y, a lo largo de ella han proliferado talleres y chiringuitos de carretera para beber y oír música caribeña a muchos voltios.

El trayecto lo cubren unos microbuses folklóricos y coloristas que alguien debió retirar cuando yo era niño, pero siguen ahí.

No pasan de los 20 km por hora, y en su frontis figura con orgullo el nombre de la empresa: FURIA.

 

En todo el centro de la ciudad que está asfaltado y tiene aceras (en los barrios del extrarradio, ni una cosa ni otra), el personal ha robado casi todas las trampillas metálicas del agua potable (que no es potable) y si no caminas mirando el suelo puedes dejarte allí una pierna y finalizar el viaje dios sabe como.

 

 

La existencia de una procesión importante como la del cristo de los milagros viene anunciada en la prensa desde días antes, y de paso te dice en que cuadra aparecerá el alcalde a cargar con el cristo.

Paran la circulación, ponen en algunas esquinas unas pantallas blancas con música, una imagen y unas luces chinas de navidad y a esperar.

Antes de la llegada del ‘grueso’ de la procesión, desfilan toda clase de vendedores ambulantes de todo lo que se pueda comer, beber, globos, chuches, y un sin fin de cosas que solo se compran los días de fiesta.

 

La gente que rodea la ceremonia está muy excitada (la procesión coincide con el ‘Día nacional de la canción criolla’, la noche de hallowen y víspera del ‘día de los muertos’, así que la diversión está garantizada.

Pero los integrantes de la procesión se lo toman en serio: una pancarta con el lema ‘la Biblia es el mejor libro. Un auto con servicio de megafonía : ‘mismamente vamos avansando’.

Unas señoras y unos señores con una especie de uniformes morados con grandes cordones blancos (el equivalente a nuestras clavariesas), pero todos vestidos igual y de  forma austera, nada que ver con el desfile de trajes de coctel a que nos tiene acostumbrados la burguesía valenciana.

 

La cosa es lenta porque parece ser que solo sale en contadas ocasiones y este de los milagros es de los más influyentes.

A continuación el pueblo soberano sin filas: a mogollón.

Cuando pasa junto a uno de los altares (?) un par de chibolos (adolescentes) le hacen un baile regional.

Al llegar a una plaza el cura hace un sermón por los altavoces, un receso y vuelta con el cristo de nuevo a la calle.

La cosa acaba a las tantas si la lluvia no lo impide.

 

Cuando se ven algunos cuervos revoloteando juntos es que han descubierto algún animal muerto u otra cosa comestible. Si por el contrario son muchos cuervos y vuelan en círculo, y esto coincide con que se oscurece el cielo por el este es que va a llover.

Cuando llueve de nada valen los chubasqueros de la Man ni cualquier paraguas, que de hecho no se ven. Cuando cae, lo hace de tal manera que tienes que meterte bajo techo y a veces piensas que el techo se viene abajo.

 

 

En un cyber al que voy a menudo deben tener problemas con los desagües o con los olores, el caso es que han puesto un cartel en la puerta del aseo con la siguiente inscripción:

 

AQUÍ NO ES PARA CAGARSE.

ÚSELO SOLO PARA ORINAR.

 

La afición a comer pollo a la brasa es de tal magnitud que no es fácil discriminar entre tanta oferta. El dueño de un restaurante en la Plaza de Armas, dedicado casi en exclusiva al consumo de dicho animal ha decidido ponerle un nombre, original sin duda, ignorando que en castellano o al menos en España tiene connotaciones distintas a las de aquí: el restaurante se llama

‘ RESTAURANTE EL POLLÓN’. 

Por lo demás, es una ciudad encantadora de gente simpática, con una humedad superior al 90 por ciento y que no baja de los 30-35 grados: como un día de poniente en Valencia pero con mucha humedad: igualito que el Viet-nam y encima hablan castellano (a su aire, claro).

 

 

 

 

 

Noticias del Perú 10.08

De nuevo, los conflictos sobre propiedades (inquilinos que no se quieren ir, expropiaciones, etc), se resuelven a tiros.

Ayer, en el centro histórico de Lima, una finca en ‘conflicto’ empezó a recibir disparos al por mayor desde los balcones de la casa de enfrente, pero, al contrario que en las películas, aquí no aciertan ni a la de tres: varios heridos de bala y ninguno está grave.

El periódico lamenta que los inquilinos no se les ocurriera mas que atrincherarse en un balcón de madera labrada, patrimonio cultural del Perú que dejaron hecho unos zorros, y es que ya no se respeta ni la cultura.

En toda Sudamérica, las elecciones norteamericanas son muy importantes, se juegan su economía, sus tratados con el rico del norte y, sobre todo, sus posibilidades de emigrar.

Pero en Perú llevan las cosas a su terreno, al entorno que controlan.

Así han sacado algunas canciones con aires caribeños para apoyar a Obama que si las oye el negrito no contrata a la Noelia y en la sierra se han juntado varios chamanes para hacer unas  ceremonias para apoyarlo ayudándose de un feto de llama y (naturalmente) de hojas de coca coincidiendo con el día de los muertos.

 

 

Budapest: la foto imposible 06.08

Es de noche y los mendigos que ocupaban durante el día los bancos de jardines o avenidas, se han procurado portales poco transitados donde se acurrucan con una manta para pasar la noche y evitar la lluvia.

Nuestro hombre también se ha recostado, y se ha cubierto con la manta. Va sucio, sin afeitar. Unos cartones le sirven de almohada.

Ya esta colocado para pasar la noche. Se incorpora un poco, extrae un voluminoso libro de entre los cartones y, aprovechando la escasa luz de la calle se pone a leer.

Porque es una buena costumbre. Porque con la lectura, la llegada del sueño es dulce y placentera. Porque lo hace todas las noches. Porque le da la gana

Húngaros 06.08

Al viajero solitario las iglesias le producen urticaria. Al viajero le interesan las gentes porque las cosas sin importancia de los demás son las que configuran nuestra manera de ser. Porque la mejor manera de conocer lo nuestro es verlo desde fuera, y que casi nada merece la ‘pena’ porque la pena no es buena para nadie (excluyendo, tal ve, a los húngaros).

También le preocupan los europeos de su generación adictos a los imsersos que, no pudiendo con su cuerpo se empeñan en transportar 25 o 30 kilos extras entre barriga y trasero.

Los húngaros son extremadamente educados, corteses al límite: paran el coche cada vez que pones cara de querer cruzar la calle. Nunca hablan alto: cuando oyes hablar fuerte adivinas la presencia de españoles o italianos. Andan lo necesario para tirar la colilla en el cenicero pegado a cada papelera por todas las calles. Ni un papel por las calles. Los bares de jóvenes repletos de gente bebiendo y no oyes la conversación de la mesa de al lado, pero son tristes. Como su historia, como su música: tristes.

Un italiano afincado en Rumanía que recala en mi hotel me comenta que las cosas están cambiando, que durante el comunismo, todavía lo eran mucho más.

Tienen la tasa más alta de suicidios de su entorno y triplican la media europea.

Hasta los ancianos saben algo de ingles. También deben saber ruso pero parecen haberlo borrado del disco duro. Bien lavados y peinados los niños. De mayores pelo corto casi militar: las pocas melenas de adolescentes que se ven denotan una protesta que en España dejó de verse en los 80.

Contestan escueta y educadamente a tus preguntas pero nunca sonríen. Es como si se hubiera instalado una depresión en la ciudad como por orden municipal, como si una nube de melancolía cubriera esta parte del mundo.

Hasta los niños en sus juegos parecen adultos bajitos y tristes.

Les encantan los solariums, que no son sino esa especie de sarcófagos claustrofóbicos donde te metes dentro y te van dando dosis de rayos uva o como se llamen, porque deben estar descontentos con su hermosa y blanca piel.

También les gusta la cerveza y cuando se juntan varios, les sirven una especie de depósito cilíndrico con señales que indican los litros y un grifo en la parte inferior para irse sirviendo: tristes y borrachuzos, pero nunca folloneros.

Budapest 06.08

Budapest es una ciudad donde las personas son como los edificios: grandes, sólidos, serios y sin emociones. Ellos con grandes y lechosos cuerpos de gimnasio, cultos y educados en el trato pero carentes de vida. Ellas con grandes y blancos pechos, cuerpos espléndidos, pero como de piedra.

Ambos están muy lejos de todo lo que nos distingue –y a veces nos avergüenza- a los latinos.

Primer (y tal vez último) contacto con las ciudades centroeuropeas: castillos de Sissi, fortalezas que se hicieron para defenderse de enemigos que nunca atacaron: huellas de ocupantes turcos primero, y después, por la izquierda los alemanes y por la derecha los rusos, un culto al cuerpo que la vista agradece y un dejar paso a la música clásica, al buen comer y a la ausencia casi total de gritos, violencia o delincuencia en general.

Ni negros ni orientales: todo el mundo rubio de piel blanca como por orden municipal. Ni siquiera los gitanos (cíngaros) que nos anunciaban los tópicos húngaros. Una cerveza y un vino espléndidos y el coloque general de los fines de semana viene de la mano del Red Bull o del café cargado, ocupando el lugar que en España ya tiene apropiado la cocaína o las pastillas.

Difícil encontrar jóvenes con pelo largo o alguno que enseñe los canzoncillos: están viviendo los 80 que el comunismo les robó.

Sin problemas laborales, gracias al pleno empleo conseguido con la deslocalización de empresas alemanas, que esta vez no vienen con tanques sino con euros. Están encantados de ser húngaros y no emigran como sus vecinos los rumanos ni se pasan de católicos como sus otros vecinos los polacos.

Se puede aparcar con facilidad y pasear a altas horas de la noche sin temor a ser atracado: un lugar perfecto para las clases medias europeas sin mas objetivo que comer bien y ver un edificio-mazacote detrás de otro mientras alguna clínica dental te prepara unos implantes a mitad de euros que en su país, y te das una tanda de balneario termal o una de ópera a buen precio.

¿qué mas puede faltar?, un gran  río? Pues también lo tienen: el Danubio cumple su función e escenografía ciudadana y de inspiración musical. Pero el Danubio no es azul como en los valses: como todos los ríos del siglo XXI, es marrón-verdoso y solo los dioses (o el espectro de Sissi) saben que productos le acompañan.

Paris 06.08

Volver a París y compartirlo con gente conocida es siempre un regalo, es como volver a casa, a la casa grande, porque en París siempre todo es grande.

El barrio donde nos alojamos está lleno de negros que, durante gran parte del día y la noche le dan a las aceras un ambiente muy especial, pero a primeras horas de la mañana, en las calles o en el metro, cuando todas las caras son anónimas, cuando todas las personas son autómatas a gran velocidad, los negros no aparecen: solamente algunos integrados de buen vestir y ademanes afrancesados se disuelven en estos ríos de personas grises, vestidos casi siempre de oscuro que a toda máquina acuden a sus trabajos.

Pero yo prefiero las aceras llenas de negros de andar lento y pendenciero, de estraperlo y venta ambulante, siempre con bolsas y ropa estrafalaria, sosteniendo las paredes, esperando la caída del maná (ellos), casi siempre con niños, en versión real o en camino, apretadas, taconeadas y provocativas (ellas).

Cambias de barrio y te das una vuelta por lo que fue el barrio latino rebelde, y allí, los pocos negros que transitan, están al servicio de una clase social envidiada por el glamour español, cuyas ropas, restaurantes y tiendas nos han  sido vetados a los currantes y que solo el cine o la casualidad de un viaje nos enseñan.

En París, he comprobado como los extremos conviven en una distancia no demasiado grande, así, unas sandalias pueden oscilar entre 1,5 euros en Tati de Barbés a 650 euros en una boutique de la Rive Gauche. Cajas de bombones a 6,50 e. cada bombón o cafés a 4 euros en el Café Flore,  donde Jean Paul Sastre se los hacía con Simone de Beauvoir.

El alcalde (gay), se ha empeñado en que los parisinos vayan en bici y les ha puesto multitud de bicis gratuitas y carriles-bici por todas las calles importantes. También ha institucionalizado un viernes al año para que en las fincas se haga una ‘fiesta de vecinos’ aportando todos comida, bebida y fraternidad. Las comparaciones con nuestra sufrida Valencia, no pasan del primer apartado (gay), en espera de que alguna vez podamos compartir los otros dos (las bicis gratuitas y las fiestas de escalera): que penita.

 

 

oporto 05.08

oporto 05.08

 

Dejo Valencia con huelga de metro y gobierno de derechas y llego a Oporto con mismo gobierno y huelga de metro. Para que después digan que los europeos no se ponen de acuerdo.

A pesar de las colonias (Mozambique, Cabo Verde, Angola, etc.), en Oporto no hay negros. Parece que todos se quedaron en Lisboa. Sin embargo la gente se queja de que hay muchos rusos y además delincuentes, y es que los movimientos migratorios no hay quien los entienda.

Pero a los rusos no se les ve como a los negros. Cómo saber si un transeúnte es ruso y también delincuente?, como soy un hombre de criterio, decido, sobre la marcha, que los individuos muy altos y blancos con cara de mala leche son rusos y delincuentes y hay que evitarlos.

Oporto es elegante y vieja, tan pequeña como para poder aparcar en cualquier sitio y tan grande y empinada como para tener que hacer descansos en los paseos ciudadanos, especialmente después de pedir medio litro de vinho verde para acompañar un menú espléndido y barato con bacalhau, por supuesto.

Son bastante más civilizados que nosotros, y, salvo los posibles encuentros con delincuentes rusos, no hay sensación de peligro.

Cuando, recién comido (con vinho verde) te dejas caer por los parques, se te acercan transeúntes perdidos en el tiempo con preguntas inverosímiles: si comprueban que eres español preguntan cual es tu empresa o si Benidorm es tan bonito como dicen las clases medias locales.

Patrimonio de la Humanidad con casas que esperan caerse de viejas, mercados que esperan subvenciones de Bruselas para ser rehabilitados, iglesias por doquier y adoquines y piedras en las casas que te recuerdan a sus vecinos gallegos todo el rato. Los jardines llenos de palomas que, si te descuidas te beben el estupendo café, pero sin negros.

Tánger otra vez

La ciudad ha crecido mucho desde la última vez: barrios dormitorio para albergar a todos los que están viniendo de las aldeas y otras ciudades para trabajar por entre diez y doce euros diarios en las distintas fábricas que, principalmente las empresas españolas hay sembrado el territorio.

Me alojo esta vez en el Hotel Valencia, para hacer patria, situado estratégicamente en la frontera entre la ciudad civilizada, la kashba y el puerto.

A la media hora de llegar me ofrecen ‘cosa guena de fumar, amigo’, un rolex barato amigo, un hotel barato, un coche de alquiler y al decirles que no preguntan si quiero ‘algo especial’. Les contesto que vivo en la otra parte de la ciudad y siempre responden igual: yo a ti te conozco, tangerino.

Tánger, junto con Tetuán son las ciudades donde los delincuentes siempre tienen cara de delincuentes malísimos que es fácil verlos venir y eludirlos.

También abundan los locos-colgados-sucios-hambrientos que le dan a los alrededores del puerto un toque especial.

Ya en el puerto, como desde hace años, los menores y la policía juegan al escondite buscando camiones donde colarse por debajo y se dice que las pensiones baratas de la medina están a rebosar de negros subsaharianos, pero a estos no se les ve y los pensioneros no se creen que un señor como yo quiera quedarse en su pensión cuando pregunto si hay habitación.

Cerca del puerto y, sobre todo por la noche, jóvenes sucios y malolientes te piden para comer: les niegas el dinero y les invitas a un bocata, te cuentan que están viendo la posibilidad de marchar a España en patera porque no tienen ni tendran nunca pasaporte ni visado, pero mientras tanto trapichean costo y se meten de todo lo que pillan.

Algunos se estan aficionando al pegamento y venden sus cuerpos o lo que queda de ellos al que ofrezca algo que llevarse a la boca o un lugar para dormir. Los hay peligrosos, pero tan desnutridos no son una amenaza.

Invito a uno a un bocata (cuesta de la playa, bocata de pan de 200 grs. con atun : 85 céntimos), y me sugiere, después de besarme la mano, una pensión para alojarme, donde  tendrá algo de comisión o tal vez le dejen dormir a cambio de llevar algún cliente. Decido ir a ver la pesión, pero un policia nos interrumpe y mi subvencionado sale corriendo y es que el rey va a pasar un par de dias en Tanger y hay pasma por todas partes.

En los 80, junto al mar había tres o cuatro restaurantes: el Miami beach de contenido básicamente gay con actuaciones de travestis que al finalizar se vestían de machos para salir de allí, el Pérgola de putiferio hetero y el Neptuno, un restaurante exquisito afrancesado de pescados y mariscos. Ahora hay mas de una docena, todos ellos con luces rojas, todos ellos con fulanas y seguratas en la puerta para cuidar los cochazos de los ricos que los frecuentan casi nunca con su mujer. Allí el alcohol es habitual y los preceptos coránicos se quedan en la puerta antes de entrar. La mayoría de estos bares-restaurantes están vacios, pero con un par de parejas que entren ya cumplen objetivos.

En la parte alta, el Romero que era un clásico gestionado por españoles donde se comía muy buen pescado y una paella casi aceptable, también se ha llenado de luces rojas, me asomo por si quedan todavía restos de lo que fue y me veo dos armarios entre la puerta y una cortina de terciopelo detrás un putiferio de pechos al aire y whiskys por doquier.

Decido perderme por la kashba como en el anuncio y me encuentro con una pintada: ‘viva talibán’, de pronto recuerdo que estoy donde hace diez o quince años me dieron una pedrada anónima en la cabeza y decido poner fin a la excursión.

Al salir a la civilización, y en una calle muy transitada, un enajenado anda tropezando con casi todo el que se le cruza. No se percata (porque no está en lo que debía), que acaba de tropezar con un policía, que, tras reducirlo (¿) le empieza a dar hostias como en las películas pero de verdad. Algunos transeúntes se paran a mirar, el pobrecito tiene la cara llena de sangre, y, cuando crees que ha terminado la película, el otro policía, por solidaridad tal vez, se descarga a gusto con aquel desdichado, y no me espero a terminar la función. Si el colgado logró levantarse volvería, sin duda a tropezar con todo el mundo.

Quedarse a tomar un te en las terrazas frente al puerto y la estación y dejar pasar el tiempo te propone varias películas y mulitud de conversaciones dirigidas fundamentalmente a tu economía y es que sin dinero (wualo flus), no hay rock and roll.

La Rábita: historia de F.

La Rábita, costa de Granada, camino de Marruecos. Semana santa 08.

Sábado anterior al domingo de ramos. F ha ido con los amigos a un bar a tomar unas cañas y ver a su equipo favorito: el Real Madrid.

En La Rábita, y los pueblos de alrededor, los bares son generosos y, a veces exquisitos con las tapas que, de forma gratuita, dan con las cañas de cerveza.

F se pide la primera caña y le ponen un pescado de tamaño mediano, frito, con ensalada aliñada con aceite de oliva virgen. El Real Madrid no está en su mejor día y encaja un gol del Deportivo de la Coruña. Los amigos, que saben de la pasión de F por su equipo, comienzan a provocarlo con comentarios sarcásticos y de muy mala leche; F se pide la segunda: viene con dos lonchas de pan con sendos filetitos de lomo frito y guardado en la orza chorreando aceite. El equipo no remonta el tanto en contra y F va a por la tercera: otras dos lonchas de pan con dos morcillas caseras bañado en aceite de alguna orza vecina o familia cercana de la anterior.

El público empieza a calentarse y todo el mundo grita muchísimo (en La Rábita no hay muchos entretenimientos y el Real Madrid en sábado por la tarde colma todas las espectativas y goza de una convocatoria extraordinaria).

Ya comenzando la segunda parte aparecen la hija de diez y el hijo de F de siete años: papa, mama dice que la cena ya esta a punto. F les compra un refresco a cada uno y se pide otra caña: la casa pone tres (dos para los niños) mini bocadillos de tortilla española exquisita, que F devora porque mama les ha advertido a los pequeños que no coman nada hasta la cena.

Se acerca el final del partido y el Real Madrid sigue perdiendo a pesar de ir el primero en la liga: F manda a los niños a casa, dile a mama que enseguida estoy allí. Se pide ahora un tubo de cerveza para ir finalizando. Esta vez viene con ocho boquerones fritos y un platito de aceitunas.

Los colegas siguen castigándole y, con la última aceituna se pide un cubalibre y la cuenta para ir despidiéndose. El cubata viene con una rodaja de tocino a la plancha sobre una rebanada de pan acompañado de unas patatas fritas.

Empiezan a envalentonarse los fans del Barcelona que está el segundo en la clasificación y F apura los restos y se despide afirmando que su equipo sigue el primero entre burlas de amigos y conocidos, pero algo o alguien le retiene y le propone la última que a esta te convido yo, y se deja la voluntad por otro cubalibre, al que le siguen unas rabas de pulpo fritas con cebolla y pan para mojar.

Ya ha terminado el partido, pero en España esto supone el comienzo de los análisis pormenorizados por parte del público, porque en este país todos son expertos en fútbol. El dueño del bar, satisfecho con la recaudación invita a los expertos futbolísticos que quedan a unas rebanadas de pan tostado con aceite de oliva sobre las que se asientan rodajas de chorizo y de tomate natural en una exquisita combinación que F no puede sino dar cuenta de, al menos un par.

Ya regresando a casa con su vecino no puede faltar un comentario-resumen del partido y despedirse en la escalera.

Cuando entra en el hogar, los niños ya han cenado y su esposa está muy seria sentada en una mesa preparada especialmente para celebrar el aniversario de cuando se conocieron en una víspera de domingo de ramos cuando ella vino desde Barcelona con unas amigas y tras enrollarse (el lunes santo) con F, un muchacho hermoso pero un poco rústico de la localidad, llegó a la conclusión de que ninguno de los hombres a los que había conocido a lo largo de su vida le habían echado un polvo tan salvaje ni le removieron las carnes en una sucesión de orgasmos sin fin como una traca valenciana.

Decidió quedarse a vivir y a casarse con el rústico y, aunque es de poca conversación, en la intimidad la deja nueva, ya quisieran otras con tanta comunicación y tanto filing quedarse como ella de arregladita.

Se ha pasado toda la tarde cocinando y pensaba darle una sorpresa para después arrancarle la pasión y exprimirle todos sus fluidos que cada vez se folla menos en esta casa a ver si pudiéramos retomar los ritmos de antes, pero F no tiene hambre y además esta cabreado por el resultado futbolístico, así que no está para zarandajas, pues claro que me acuerdo de cuando viniste al pueblo de señorita mochilera, pero ni tengo hambre ni ganas de hablar.

Ella intenta justificar la situación: se apuntó a la tele de pago y ha sacado recetas del canal de cocina, cinco horas de cuidados y meticulosidades para que vengas diciendo que no tienes hambre?. La situación la ha saturado y se nubla entrando en un llanto alternado con gritos que preocupan a los niños: no pasa nada, iros a vuestra habitación.

F no se siente capaz de aguantar el resultado del partido y el repaso que está llevando en el hogar, grita mas fuerte que ella que para eso es hombre y da dos puñetazos en la mesa: esto es mi casa y si no quiero cenar pues no ceno. Ella acaba de perder el control y empieza a estampar la cena contra la pared de la cocina pringando de salsas exquisitas azulejos y cristales, rompiendo platos y dando patadas a sillas y electrodomésticos: no puede más.

Sin darse cuenta, porque F no es violento, sin saber como, porque F no toca las cosas de la cocina porque no son cosas de hombres, tiene en su mano una sartén de hierro con restos de bechamel y algunos trocitos de champiñones, porque en el canal cocina aseguran que la bechamel y todas las salsas tienen mejor sabor hechas en sartenes de hierro, sin darse cuenta porque a un hombre no se le grita y menos en su casa, sin un por qué, porque ha perdido el partido, el control de la situación y el autocontrol, porque las tapas estaban muy buenas y no tiene hambre, porque a un hombre tan humillado toda la tarde no se le puede seguir machando por la noche, porque no sabe por qué, le atiza un sartenazo y la deja seca en un charco de sangre y una salsa de champiñones, L se queda quieto diez minutos y después la abraza y la intenta reanimar.

Por unas tapas , por lo demás, exquisitas y un partido que no terminó como debía, por un aniversario olvidado, por un pueblo pequeño sin muchos alicientes para el tiempo libre, por los roles asignados en la infancia, porque Andalucía no es Cataluña, por los nervios que pierden el norte de pronto un sábado antes del domingo de ramos, F va a salir en la tele. Quien lo iba a decir. . . !, y además va a entrar en la estadística: la número 21 de 2008.

La vicepresidenta le dedica seis minutos en el telediario, vienen micrófonos y cámaras de toda España y se alquilan todos los apartamentos aunque todavía no es temporada. Las fuerzas vivas se preguntan si aquello les convertirá en un foco de atención turística como la cercana Almuñecar o entraran en los archivos de la España negra como Puerto Urraco: el tiempo lo dirá. Pero ni el gobierno con sus proclamas anti-machistas ni la prensa con sus estadísticas llegarán nunca (como es habitual) al fondo de la cuestión, y mejor que así sea. No quiero ni pensar en estos pueblos si suprimieran las tapas.

Localidad: La Rábita, costa de Granada

Bar: Que de qué

Paseo Marítimo

Caña de cerveza (con tapa, naturalmente 1,20 euros)

fotos

 

Las fotos de Perú y algunas otras podeis encontrarlas en:

 

http://cuidadoquechema.spaces.live.com/photos/

 

Limando Lima2 12.07

Lima es demasiado grande para ser controlada, demasiado extensa para atravesarla y demasiado peligrosa para los extraños.

No está homologada y salvo en algunos barrios burgueses aislados, el extranjero (y muchas veces el nacional), no está a salvo.

Al viajero solitario no le ha pasado nada, pero ni un solo día ha dejado de oir sabios consejos de todo el mundo llamando a la precaución.

El clima es poco afortunado: salvo rara vez, el sol ni se ve por las brumas del Pacífico y estamos entrando en verano y hay que abrigarse.

Toda la ciudad está sembrada de casinos y máquinas ‘tragamonedas’ con luces a la entrada y poderío como Las Vegas.

El transporte es caótico: los buses casi inexistentes han dejado paso a las ‘combis’ (furgonetas), muchas de ellas antidiluvianas, lo que te empuja irremediablemente al mundo del taxi, pero la mayoría de éstos son ilegales y además peligrosos, así que en este mundo tienes que hacer una cuidada selección para ver quien se lleva el premio de llevarte.

Desde luego que no hay taxímetros, y hay que negociar antes de subir.Una imagen que me han comentado varias veces es la de un taxi con un cliente en el que cada uno de los dos teme ser ‘asaltado’ por el otro.

Es el lugar ideal para circuitos gastronómicos: trabajan muy bien el pescado y han conseguido gourmetear sus productos: una gozada.

Lima no está bien estructurada, y entre una y otras zonas ‘habitables’ puedes pasar algunas ‘cuadras’ que te ponen los pelos de punta.

Solo se ven extranjeros en las calles de postín y en los centros comerciales.

Cuando te aventuras por terrenos prohibidos pasas mucho tiempo siendo el único y se nota mucho.Sin embargo los peruanos/as son muy amables, tímidos y generosos hasta donde pueden porque los sueldos son muy bajos, la corrupción alta, la clase media va muy apretadita y los ricos son muy muy ricos.

En Perú hay periódicos serios y prensa popular. Después de leer varios días los serios, me paso a los otros:

1.-‘En una casa de Callao (el puerto de Lima), hay mucho ruido y los vecinos llaman a la policía. Cuando llegan las fuerzas de seguridad y llaman a la casa, desde dentro empiezan a disparar: siete fiambres’

2.- ‘En un barrio de Lima los vecinos han decidido poner una carta al director de un periódico porque la policía local no les hace caso a su reclamación, que consiste en que unos vándalos están levantando la acera para llevarse los cables de alta tensión’.

3.- ‘Un muchacho de 18 años va al ejército obligatorio y pasa todos los controles médicos sin problemas. A los tres meses se lo devuelven a la familia en un ataúd: los responsables militares dicen que un cáncer de garganta, pero la familia abre la caja y ve al muchacho lleno de moratones de golpes (y por eso han ido al periódico, para que se sepa).

4.- ‘En Ayacucho (lugar problemático, antes por el terrorismo y ahora por el narcotráfico), un bus nocturno es detenido a la fuerza (pusieron piedras en la carretera), desviado hacia el bosque y desvalijados sus pasajeros, para después dejarle continuar.

Y lo más asombroso es la sensación de ‘normalidad’ que tienen los peruanos cuando leen estas noticias: parece que eso es habitual que pase por aquí.  

Historia de M.

M. es un muchacho apuesto de 23 años que no tiene nada.

No tiene patrimonio, ni trabajo, ni dinero, ni siquiera una novia.

Vive en una casa entre árboles en la selva del Amazonas, medio casa medio cabaña,  con su madre, tres hermanos más y dos niños pequeños de una de las hermanas.

En la casa, por no haber no hay ni luz eléctrica ni agua potable: friegan los platos en el río, lavan en el río, y ellos se lavan a trozos entre cacharros de plástico.

Un cerdo y algunas gallinas pasean los alrededores de la casa en el entorno de vegetación más hermoso que pueda imaginarse.Las únicas posibilidades de trabajo están en una fábrica de carbón vegetal que hay en un poblado cercano, a la que él y  los hermanos van de vez en cuando.

No tienen nada, y, cuando les preguntamos si podemos pasar la noche allí, nos dejan espacio para nuestras colchonetas sin ningún problema.

Pero M. tiene dos tíos que son chamanes y curanderos, y viven en la cabaña de al lado.

Los dos tíos  chamanes realizan ceremonias con ayahuasca a las que M. se viene apuntando desde los doce años.

M. ha pasado por 39 sesiones alucinógenas y controla perfectamente el ‘viaje’ y los ‘paisajes’: sabe lo que ha de hacer y le saca todo el partido al asunto.

M. se entera de que un extranjero quiere probar las plantas de los dioses y decide apuntarse.

Como toda la gente humilde, M. es tradicional, así que la primera alucinación que se hace siempre consiste en convocar a toda su familia ausente y los pone a todos delante para darles un repasito y ver como se encuentran. 

Cuando ya se han terminado las obligaciones familiares, M. se da un ‘gustito’  y se convoca a ‘un grupo de señoritas’ para su satisfacción. En esta ocasión me dice que fueron siete. 

Una parada familiar y después como que se va de putas: primero la familia, después el placer. 

Aseguran los entendidos y practicantes que la ayahuasca proporciona unas alucinaciones reales y extraordinarias, así que M. se da una fiesterita, a juzgar por las expresiones de su cara (a pesar de ser de noche sin luz), y las contorsiones de su cuerpo: prácticamente como ir de orgía gratis sin tener que desplazarse a la capital que queda un poco lejos. 

Cuando, después de cerca de tres horas de trasiego entre familiares y conocidas, aquello empieza a bajar, M. se marca una vomitona, se fuma un cigarrillo, recoge sus cosas y marcha para su cabaña (que está muy cerca de la de su tío) y encima se ofrece a acompañarme porque después de ingerir la ‘purga’ hay graves dificultades para sostenerse de pie. 

Al día siguiente, bien temprano se pone la ropa de faena y se va a la fábrica de carbón. 

Pd. Espero, querido M. que me perdones haber contado tu historia, pero es tan tierna que no pude contenerme. Desde el cariño y el respeto que me mereces,  la dejo acá (como dicen vds.) para compartirla con otras buenas gentes.   

Ramadan en El Jadida 09.07

Se saludan y se besan con la formula “Ramadán mubarak” que es equivalente a nuestro bon nadal.

Si de natural son ociosos y poco dados a los excesos en la actividad laboral, en Ramadan están tirados por los parques o sentados durante horas en cualquier bar cerrado que dejó las sillas en la calle.

Al mediodía no encuentras sitio alguno para comer. Si en Marrakech se quedaban algunos restaurantes de guardia, en El Jadida, que no parece que seamos mas de una docena de extranjeros, la mayoría de paso, la cosa se complica: terminas orientándote como los perros, por el olfato, pero esa comida que hueles es la que están preparando para la noche.

Media hora antes del f'tur, la ciudad se activa, el mercado empieza a hervir y todo el mundo compra provisiones para lo que va a venir.

A las clases medias y altas les espera en casa el gran banquete, los desfavorecidos o transeuntes van comprando y metiendo en una bolsita de plástico, que me recuerda nuestras monas de pascua, un f'tur basico que se comerán en las aceras o en los parques.

Algunos bares preparan harira, huevos duros y pastas y acuden allí para cumplir con el precepto.

Es patético y a la vez esperanzador la imagen del obrero, después de haber trabajado todo el día, sentado, con la bolsa de f'tur, esperando la señal, mirando la bolsa. Hasta sus miradas libidinosas al anochecer, semblan puras y transparentes durante el día.

Y así un día tras otro, hasta un mes.

Juan me conto una anécdota referida a un adulto que sodomizó a un chaval en un hamman en ramadán, y como del hecho resultara que hubo sangre (determinante a la hora de considerar la falta grave), y fuera el sujeto detenido por tal conducta, los comentarios del resto de la tertulia fueron unánimes: por que no esperó a la caida del sol para hacerlo.