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Córdoba 11.10

Es la segunda ciudad en población y el plano que me dan en el ayuntamiento

 afirma que tiene 3,5 millones aunque supongo que se refiere a toda la provincia.

Es considerada por los argentinos como la ciudad de la cultura: tiene siete u ocho universidades y esto se traduce en estudiantas y estudiantes que van y vienen trasladando libros, libretas, maletines delineantes, mochilas . . .

 

Estudiantes y estudiantas que llenan los bares y los pocos restaurantes cuando las clases terminan. Rezo a mis dioses no encontrarme ninguna tuna y atienden mis súplicas.

 

Hoy, a mediodía han abierto la compuerta de una de esas universidades y han salido un par de centenares todos y todas con camisa blanca y corbata. A la salida, como cualquier adolescente que se precie, ejercitan su rebeldía deshaciendo la corbata o sacándose la camisa de su sitio: los pervertidos locales fantasiosos de los uniformes tienen el cupo completo con esta universidad (será la católica?).

 

El centro de la ciudad es otro ejemplo de civismo: varias calles peatonales y muchos árboles (aunque no tantos ni tan viejos como en Mendoza), y, entre ellos, muchas jacarandas (que aquí las llaman acentuando la a final).

 

Córdoba es sinónimo de cultura como español es sinónimo de gallego. Aseguran que Buenos Aires es la ciudad del mundo con mas gallegos (superando a A  Coruña), y da igual que digas Valencia que Valdepeñas, para ellos todos somos gallegos, como en México somos gachupines o en Canarias somos godos y es que generalizar siempre acorta los caminos que la gente no está para dar muchas vueltas.

 

Existe una imagen en toda Sudamérica de la que Argentina no está exenta y es la chica joven con bebé demandando lástima, pero así como en Perú y Ecuador son rematadamente pobres y personajes de fotonovela donde todas se preñan a la primera, y suelen permanecer en silencio o simplemente pedir dinero,  aquí van con el ego por delante como manda la nación.

 

Ayer, en uno de mis interminables viajes en bus (me anunciaron 12 horas y fueron 14 por los atascos propios de domingo y el parar en todas las aldeas), en una parada de que-te-fumas-uno-y-lo-tiras-a-medias, al subir me veo la imagen sentada con el cachorro y media docena de bolsas en mi asiento. Le digo que ahí voy yo y me contesta que ella no puede subir las escaleras (buses de dos pisos) y que suba yo, le digo que hable con el ‘encarregat’ y me dice que vaya yo que ella con el niño no puede. La cosa se resolvió y le encontraron otro asiento abajo naturalmente, y esto me recuerda el chiste ya manido de que el peor accidente que puede tener un argentino es caerse de su ego.

 

Pues como las desgracias no vienen solas, hoy, en mi hotelito de mierda (menos mal que tiene wiffi) otra con la misma canción: sujéteme el niño que me está poniendo nerviosa, añoranza del psicoanálisis en las clases populares preñables?, o  tal vez búsqueda de varón que empiece a hacerse cargo?

 

Leyendo las advertencias que el Ayuntamiento de Córdoba considera que deben saber los turistas me entero de que fue fundada antes que Buenos Aires y que toda esta zona se la trabajaron los jesuitas (seguramente después de su expulsión), y que además fueron los que se encargaron de traer las primeras vides, seguramente para no prescindir de la sangre de cristo y la que han armado por estas tierras porque tienen unos vinos espléndidos y es que algo bueno tenía que tener la iglesia católica no todo iban a ser sucursales y niños manoseados.

 

Parece que desde aquí para arriba (Paraguay incluido) fue asunto de la compañía de Jesús, ya iremos viendo los rastros que dejaron.

Mendoza 10.10

La Patagonia es un mar llano lleno de rastrojos (monte bajo), desde el Atlántico no aparece una montaña hasta los Andes y allí van en serio.

Mendoza es una ciudad amable: toda ella está llena de árboles mucho más viejos que yo y tiene cinco parques distribuidos como los cinco puntos del dado, los cuatro de la periferia tienen la dimensión de una cuadra y el del medio de cuatro cuadras. Todas las calles tienen una fila de superárboles en cada acera y las calles anchas tienen  otra fila más en el centro. Te da la sensación de estar en una especie de ciudad.jardín.

En verano (enero, naturalmente), puedes elegir entre bañarte en un río estupendo, un lago o irte a la nieve, porque muy cerca de aquí esta el Aconcagua.

La gente tiene un acento menos acentuado (o aceitunado) que en Buenos Aires, no arrastran tanto las sílabas, es un sitio de paso para los chilenos (Santiago esta a pocas horas), los jubilados podemos ir a leer a los parques y tienen un sinfín de vinos extraordinarios: un lugar a tener en cuenta para pasar un tiempo, pero los precios en Argentina ya se están disparando y habría que sacar las cuentas.

En el mercado hay unos puestos de comidas que comparten mesas en común, así uno va comprando de los diferentes puestos hasta completarse el menú. Esto es bastante usual en Asia. Suele ser barato y con buenos productos del mercado.

Hoy sábado, en el parque una compañía teatral presenta un espectáculo para los que pasan o se sientan en los bancos de sentarse, cuya escenografía es un contenedor: de él sacan y meten objetos y actores, y, cuando termina el mete saca, aprovechando las ruedas, montan el espectáculo en otra parte del parque.

Hay en activo quince o veinte teatros, la mayoría con elencos locales lo que es de valorar en una ciudad del tamaño de Murcia.

El país sigue compungido por la muerte del kirschner (no se como se escribe), que hasta hace dos semanas era un chorizo y ahora casi es un icono.

Los gays han desfilado con banderas arcoiris en agradecimiento del matrimonio. Los afectados por la dictadura y sus excesos porque están juzgando a todos los que se pasaron, en fin, como Lennon, parece que se ha muerto en el mejor momento.

Con gran diferencia de los países vecinos, rara vez se te acercan a comentar nada, pero uno insiste, y un  tertuliano de café, me dice que está muy satisfecho del gobierno del fallecido y del de su distinguida esposa, porque a diferencia de los otros gobernantes, con estos se sabe donde han invertido el dinero robado (en hoteles de Calafate principalmente), sin embargo con los otros presidentes anteriores nunca se supo donde fue a parar la ‘guita’ : un ejemplo de transparencia democrática.

Neuquen 10.10

En medio de la Patagonia, esta ciudad próspera no esconde grandes encantos, pero, por primera vez en mi vida veo una ciudad absolutamente desierta.

Cuando en Argentina se hace un censo cierran todos los establecimientos y es un día forzosamente feriado.

No se entiende porque el censo se hace en un solo día, ni porque no se puede tomar un café ni comer ni sacar boletos para viajar.

Es muy parecido a una ciudad árabe durante el ramadán, pero sin el trasiego de sus calles: nadie sale de casa y solo los servicios de urgencia, la policía y algunos taxis se ven por la calle.

Unos días antes se rumoreaba que bandas de delincuentes iban a hacerse pasar por ‘censistas’ para asaltar a ancianos y menos ancianos en sus casas, así que las autoridades dijeron que los censados podrían rellenarlo y entregarlo por la mirilla de la casa sin visitas inoportunas.

Intento desayunar en un hotel que son los únicos lugares donde esto es posible y me dicen que tienen orden de la gerencia de que solo se alimente a los huéspedes propios y que los viajeros alojados en hoteles sin desayuno (como es mi caso gracias al oportuno Murphy) que se jodan.

Consigo con ruegos y alarde de extranjero simpático en apuros que un hotel me sirva un café con leche y en la tele veo que el ex presidente y esposo de la presidenta se ha muerto esta mañana de una especie de infarto, que parece ser el único freno que ha tenido en su vida amasando dinero y patrimonio. La presidenta y esposa que no se le queda atrás continuará su labor.

Si en Chile me encontré con la muerte de Pinochet y en Argentina con la del Kirschner este (no se si lo escribo bien), me van a tener que invitar a otros lugares a ver si hay suerte (Cuba por ejemplo).

 

A las ocho de la noche desayuno, almuerzo y ceno en uno de los pocos lugares que han decidido abrir.

El hotel tampoco acompaña, lo regenta una ancianita de noventa (según asegura) a la que auxilian dos hijas, que como siempre se reparten los papeles: la buena y la mala.

La buena va a su aire y no marea. La mala, con cara de insatisfecha me hace un interrogatorio en regla: procedencia, estudios, situación laboral, etc. al cabo de la cual concluye que los españoles somos muy ariscos, buscando, tal vez un rasgo de afectividad del huesped cara de palo.

Le desaconsejo generalizar y me cita a  la mañana siguiente para censarme, que parece que hay que contabilizar a los extranjeros (aunque no se les dé de comer), y me hace un interrogatorio en toda regla.

Después, en la calle me entero de que la gente esta disgustada porque cuando ha ido a su casa el o la censista solo les ha preguntado el nombre y si vivían alli. ¿Cuales eran las verdaderas intenciones de la mala metida a censista?.

Como al día siguiente tengo que tomar un bus a las siete de la mañana le pido que me llame un taxi por teléfono y lo hace, pero cuando cuelga me confiesa que esa misma compañía una vez que los llamó no vinieron: una pesadilla.

Me voy de Neuquen con el estómago triste y el deseo intenso de que esta mujer encuentre un novio o un arreglito cuanto antes.

Seguro que en Mendoza, tierra de vinos y de montañas la cosa presenta mejor onda que dicen por acá.

 

 

Bahía Blanca 10.10

Con once horas de bus desde B. Aires se llega a Bahía Blanca. La cosa tarda tanto no porque sea larga la distancia (680 km.) sino porque la carretera es como es y el chofer ‘maneja’ muy prudente.

Ni tan cerca como Mar del Plata donde bajan en dos horitas todos los porteños (que pueden) a veranear, ni tan lejos como Península Valdés, donde los turistas van a incordiar a las pobres ballenas y otras especies. Y así está, a mitad de camino de algo.

Vive de espaldas al mar, que tiene a tan solo siete kilómetros y el bus tarda una hora (es que da muchas vueltas, me dicen). Y por si fuera poco, el hotelero me dice que las playas decentes están a ciento veinte kilómetros. Kago yo akí?

Mi padre que era un campesino sabio decía que viajando se aprende ‘mundología’ que debe ser un saber de los que no dan de comer.

Pues el viajero solitario cree que llegar hasta aquí solo ha sido por acumular créditos de mundología.

Y además es bonita: edificios coloniales, provinciana pero al estilo argentino: hasta los mendigos visten de diseño.

Al igual que en Godelleta  que cuando tocó la lotería que la gente se hizo casas nuevas y apuró los centímetros que podía sacar los balcones a la calle sin pensar que un día cualquier camión se llevaría un balcón al girar en una esquina, en esta ciudad, cuando descubrieron la publicidad pusieron unos carteles que, saliendo del establecimiento en cuestión, casi alcanzan  la acera de enfrente, por lo que en días de viento fuerte debe ser un peligro pasear por la calle, en un país donde hace poco una estatua cayó desde su pedestal matando a una niña que jugaba en el parque.

Cuando voy a pagar en un bar, observo que el dueño (que se dedica en exclusiva a controlar la caja), tiene un panel de metracrilato con todas las mesas numeradas y un clavo saliente de cada numero de mesa, donde mete y saca las notas de las camareras, pero hay en ese acto administrativo un morbo añadido que no puede por menos que sorprenderme: cada vez que mete o saca una nota se excita,  pone cara de placer, de morbo añadido: he decidido bautizarle como ‘el psicópata del metracrilato’.

Debe ser un negocio heredado, como cuando los burgueses valencianos le montaban una boutique a la niña que no daba de sí en la universidad.

 Pobrecito, los años que le deben quedar con el mete-saca.

Buenos Aires 10.10

Buenos Aires 10.10

Como dice el tango: mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelvo a ver:

Me encuentro las calles llenas de basura amontonada emulando, tal vez, a Nápoles, que no es de extrañar en una ciudad que también tiene su Palermo.

Como siempre la encuentro tan impactante, tan capital de capitales, con sus cafés-librerías, más de un centenar de espectáculos teatrales y su empaque de metrópolis.

Pero los jubilados no podemos sentarnos en un banco del parque con un libro porque sus zonas verdes están ocupadas (por ocupas, naturalmente), a los que el ayuntamiento los va empujando hasta tirarlos y, para asegurarse de la no reincidencia, pone vallas que cierra al llegar la noche: vaya valla.

Tras una de ellas, junto al Congreso se refugió un pollo huyendo de rituales macumbas que pretendían cortarle el cuello para hablar con los espíritus. Y allí está, detrás de la reja burlándose de la secta y convertido en la mascota de la ciudad. La ciudadanía (como diría nuestro presidente) le alimenta y lo quiere.

Todos los días, y en cualquier sitio te encuentras una manifestación, la de hoy, que incluye un muerto, víctima de reyertas sindicales en un país donde los líderes sindicales se convierten en empresarios y algunos militantes van con pistola al

cinto.

 La movida promete ser brava, así que la meteorología aconseja no salir del barrio y no aventurarse por el centro de la ciudad.

 

Los gays ya se pueden casar pero en la calle no se nota.

Los modernos llenaron Palermo de diseño y ahora están invadiendo San Telmo con las mismas intenciones.

Puerto Madero  se administra una indigestión financiera y por todas partes te encuentras centros culturales, visitas guiadas gratuitas, exposiciones y todo lo que el espíritu sea capaz de digerir.

Los asaltos son tantos y tan a la luz del día que casi siempre hay alguien dispuesto a grabarlos con un celular y las televisiones sensacionalistas lo sirven a la hora de los postres.

En una encuesta televisada preguntan a la gente de la calle sus opiniones sobre el asunto de los mineros chilenos sepultados dos meses en la galería. El locutor le pregunta a un viandante que opina sobre la abstinencia sexual de esos hombres durante tanto tiempo. El entrevistado con una naturalidad poco habitual le contesta: ¿Qué abstinencia?, allí no hubo abstinencia.

Y  es que en Buenos Aires la vida siempre, siempre, . . .es un tango.

Berlin 06.10

Nunca una ciudad se me resistió tanto a hablar de ella.

Cuando la recorres buscas o encuentras sin buscar lugares que la definen:

¿Dónde empezaron los locales que albergaron los enloquecidos cabarets?  ¿Dónde se amontonaban todos para aplaudir a Hitler?  ¿Por donde pasaba el muro?, pues no se nota, pues si se nota ¿Dónde violaron los rusos a las berlinesas para compensarse de haber aportado mas de veinte millones de muertos al recuento general de la segunda de las guerras mundiales? ¿Dónde quemaron los libros? ¿por donde sobrevivían los personajes de Berlin Alexanderplatz? ¿Dónde se han ido ubicando los turcos? ¿Dónde vivían los judíos? ¿Dónde se manifiestan los ecologistas, los gays, los antisistema, las feministas, los ocupas. . .?

¿por donde transcurría la love parade? ¿Por qué funcionan tan bien sus transportes? ¿Cómo llegaron a ser tan civilizados, tan tolerantes? ¿Por qué se quedan en ropa interior en el césped junto al río al primer rayo de sol, sin ninguna connotación exhibicionista? ¿Por qué se van ubicando en el mismo barrio los del mismo pensar?

¿Qué hace ese joven en un banco del jardín cambiando los pañales a un bebe alternando su tarea con tiernos besos a su amigo del mismo sexo? ¿Por qué no se parecen en nada al resto de los alemanes?

Tal vez, como hace cien años  va a ser esta ciudad y no otra la que nos diga por donde se va al futuro.

Habrá que hacerle una próxima visita para averiguarlo

El néctar de la vida 04.10

 

Comenzó en el sexo como todos: probando con ensayos y errores y repitiendo lo menos penoso.

Pero tuvo  una ventaja: empezó cuando se lo notó por primera vez y así tuvo más tiempo de practicar: no le dijo nada a las amigas durante la adolescencia y lo hacía en los lugares más insólitos con tal de seguir pareciendo normal y no despertar sospechas: mientras las demás iban a probarse unos zapatos ahora volvemos, ella se acercaba donde sabía que sin preámbulos iba a tirar las bragas por cualquier rincón y en menos de tres minutos estaba jadeando sudorosa.

También era consciente de que hubiera perdido puntos de haber compartido aquellos secretos con sus amigas debido al control social que ejercían sus más entrañables compañeras así que los secretitos fueron para ella sola.

 Llevaba los temas sexuales como le habían enseñado en casa y en la escuela: entre el secreto, la diversión y el misterio.

Observaba a los chicos como se subían a la parra y prometían los oros y los moros hasta conseguirla y después les entraba la prisa en cuanto daban salida a aquel fluido que los desinflaba hasta desaparecer de entre sus piernas: nunca pudo entender como al descargarse, los chicos se desvanecían cuando ella empezaba a elevarse hasta el cielo. Casi no se habían saludado y ya tenía que empezar a despedirse.

 

Aquello la llenó de dudas:

¿Qué extraño poder tendría aquel líquido que otorgaba tantas energías para poder salir y machacaba al propietario que lo perdía?

 ¿Cual era su composición?

¿De qué estaba hecho aquello que además podía crear una persona donde antes no existía sino la nada?

¿Estaba ante algún misterio que nadie le podía explicar? 

¿cómo reaccionarían las plantas con aquella sustancia?.

Varias veces se llevó un poco a casa y jugó con ello: los dedos se pegaban y el olor no era nada del otro mundo, pero evidentemente se trataba del néctar de la vida, del brebaje de la eterna juventud.

 

Durante algún tiempo se sintió culpable, causante de esos cambios de humor, como ordeñadora que se queda con la crème de la crème y las ubres y los hombres se desploman.

 En esas edades todas tienen manías: unas cambian el paso para empezar las escaleras con un determinado pie, otras se aprietan el rostro entre los dedos para sacar espinillas donde no quedan y se perforan hasta el hueso, otras, sin embargo, juegan con su pelo para empujarlo hacia atrás abofeteando con él a las personas que comparten el ascensor o el autobús, y ella pensando en aquel líquido si hacérselo a la plancha o sobre una tostada con mantequilla, con azúcar o a pelo, porque si tantos poderes tiene como más puede servir es bebiéndolo directamente.

Comenzó a utilizarlo en el rostro haciéndose mascarillas faciales y terminó eliminando intermediarios y bebiéndolo directamente. No fue de repente sino largamente meditado y cuando lo probó estaba tan preparada que naturalmente le agradó.

Si por debajo a veces le hacía daño y podía tener complicaciones. Si  lo que buscaban los chicos era deshacerse de aquello, nada más fácil que  beberlo directamente del grifo y terminar cuanto antes los trámites previos que después resultaban ser todos mentira.

Ahí todos coincidían: en los preparativos, las promesas, los sentimientos, las sonrisas. Después del desnate: la nada, la prisa, las malas caras y casi nunca  el cuando volvemos a vernos.

Al saberla fácil no querían repetir a no ser que el alcohol o las químicas les pusieran en aprietos y la buscaran solo para quitarse de encima tan preciado elemento.

Esto facilitaba las cosas: no era necesario quitarse ropa o sudar en común: bastaba con sacar de sus casillas el objeto deseado, jugar con él en su boca y beber lo que de él manara.

Los chicos quedaban contentos por la rapidez y la eficacia que con la práctica estaba adquiriendo y no tenía que justificar después olores raros ante la familia o, en el caso de los chicos,  perfumes no habituales ante sus  novias formales.

Como una máquina: cada vez más deprisa: como un trámite sin esperas, sin colas: unas sacudidas bastaban y el hombrecito se sentía viril y dominador: sin riesgo de mancharse porque el propietario nunca veía el fruto de su vientre, los hijos perdidos envueltos hasta entonces en papeles, pañuelos, toallas o directamente en  los pantalones con el escándalo que podía suponer: sin rastros de pecado: sin justificante de la acción: todo como más higiénico, impersonal, sin implicaciones afectivas, promesas o parabienes: como una máquina tragaperras.

 

Desarrolló durante algunos meses esa afición: se entrenaba en casa con objetos de formas parecidas y tuvo que reprimir sus instintos cuando tomaba algún helado con palote porque todo el mundo la miraba extrañado.

A todos los compañeros del instituto les dijo lo mismo: si hablas de esto, antes o después me la comeré entera de un bocado, lo que le garantizó el succionar toda la energía de su curso pasando como estrecha de miras sin que nadie, jamás, se enterara.

Quiso probar y apropiarse de la energía de profesores, salvavidas de piscina, músicos de la banda y amigos de sus padres y lo consiguió.

Se racionó: no más de cinco tomas semanales y notó como la cara se le iluminaba, y se sentía cada vez más hermosa corroborando la hipótesis de que efectivamente se trataba del néctar de la vida, de la fuerza que mueve el mundo ¿qué más podía pedir?.

 

Nunca le dieron arcadas, vómitos o algo parecido y siempre, siempre, al terminar se relamía como los niños ahuyentando las posibles sensaciones de abuso o culpabilidad de los contrarios. Pero algo cambió todos los planteamientos cuando, sobre todo los hombres mayores, comenzaron a darle dinero contentos de las atenciones recibidas y pidiendo citas con posterioridad.

Que ninguna me lo hace como tú que otras me lo escupen en la cara,que parece que no tienes dientes, que tú has nacido para esto, que has de dedicarte a ello  y te harás de oro, y es que los hombres, en cuanto tienen confianza, comienzan a dar consejos y a orientarle a una la vida.

Si no era suficiente con tener la energía vital siempre alimentándola, encima encontraba un trabajo divertido en épocas de paro.

Con la convergencia entre la afición y la rentabilidad económica, pensó que los dioses estaban con ella y no era posible tanta felicidad: podía planificar su futuro: vivir sola: tener casa, coche, objetos deseados, ropita y todo lo demás: ya soy madura, pensó.

Ahora  solo se trata de administrar bien los recursos que no son sino aficiones para ir incrementando la creatividad como valor añadido y buscar clientes con dinero para compartir.

Calcular cuántos centímetros cúbicos diarios, semanales o mensuales eran necesarios para conservarse lozana y sacar de ellos el máximo resultado económico conformaban un nivel de vida próximo a las estrellas del rock que tanto había envidiado: cualquier miembro de cualquier ejecutivo una vez atrapado en su boca resurgía de las cenizas y volvía al cabo de unos minutos a caer en la cuenta  mientras ella, cada vez más consciente de su tarea sacaba sus cuentas.

Nunca se cansó de aquello y cuando tuvo suficiente dinero  regalaba sus servicios premiando a sus compañeros de trasiego  con criterios de calidad o cantidad del producto según los días o el estado de ánimo, lo que le proporcionó muy buenos amigos de pídeme lo que quieras que ninguna lo hace como tú y eres buena.

Cuando los profesionales regalan, los clientes sentimentales pagan mucho más por el producto y es que hay mucho perrito abandonado entre la fauna necesitada de ordeñe, centrifugado o desnate, que la salud es lo primero y más me gasto en farmacias.

 

Dejó casi totalmente la comida tradicional: su alimento principal era suficiente y con alguna pequeña ayuda de frutas o verduras, su cuerpo y su rostro eran perfectos según su propio modelo.

Casi nunca necesitó médicos y cuando hizo uso de ellos, les pagó con su trabajo y a veces hasta cobró por un empaste o una intervención quirúrgica. Desarrolló de forma espectacular las habilidades para hacer saber a sus interlocutores el interés de su producto, el marketing social y nunca fue vulgar en sus modales, aunque tampoco se distinguió por su elegancia: quedaba como  la mujer standard de poder presentar en cualquier parte sin llamar la atención y ese aire de normalidad unido a la creatividad que desarrollaba en su trabajo le confería, en opinión de sus más selectos clientes un aire morboso capaz de satisfacer el estómago más exigente.

 

Aún siendo valenciana y pasar casi toda su vida en Barcelona, la conocí en Lisboa: iba todas las tardes a un cine negro lleno de pornos, donde los muchachos de color, guardando cola educadamente, se van sentando a su lado y se dejan hacer: ella presume ante mí de que hay auténticos especialistas que saben apreciar su trabajo y, a pesar de sus años,  se siente complacida después de un par de asaltos y vuelve a su casa como una señora, porque en Lisboa, en el Bairro Alto, ella es una señora.

La enfermedad innombrable la pilló en la tercera edad y después de leer los pronósticos decidió no hacerse análisis.

 

Me confesó que se estaba despidiendo, que eran sus últimos trabajos.

Nunca dejó de hacerlo y no hizo jamás mal a nadie, más bien al contrario era una bendición para la humanidad.

Nadie quedó  nunca descontento con su trabajo,  ella siempre lo hizo con el corazón, entregándose a la tarea durante toda su vida y agradecía lo recibido como otra bendición de la naturaleza hacia ella,  su dieta fue la causante de tanta bondad.

No le importaba morir y  prefería que la muerte le llegara trabajando, incluso gratis como lo venía haciendo desde algunos años.

En Portugal, por entonces, con sus ahorros le sobraba, y cuando le llegara la muerte deseaba que alguien  le tomara el relevo y pudiera disfrutar de ese trabajo como ella lo había hecho: con la felicidad esparcida por todo su cuerpo en todos sus matices durante toda su vida, y es que la gente no se orienta hacia los  trabajos en los que es feliz y después tienen que curarse de sus trabajos, de sus parejas, de sus cosas y por eso, lo mío, me dijo, es la naturaleza y el arte, la luz y la vida.

No deseaba la muerte. Tampoco la esperaba. Sabía que llegaría en cualquier momento, pero no le sorprendería porque le era conocida: a lo largo de los años vio morir un poco a cada uno de sus clientes cada vez que terminaba su tarea, porque no hay nada más cercano a la muerte que el amor.

 

 

Plural 04.10

Como otros, sale a la calle a comerse el mundo y siempre es devorado por las circunstancias.

Como otros, a base de repetir aspectos de su única y excelente personalidad, termina siendo un estereotipo de sí mismo.

Decora la ciudad desde las primeras horas de la mañana en el mismo formato que tantos otros: alejados del espejo, comprobando las macabras señas de identidad de los demás, sin verse a sí mismo sino como excelente: incisivo y culto de mirarse el ombligo, ideólogo centrista en posesión de la verdad, sordo al mundo exterior, reina de la noche.

Frases de rebajas para ocultar sus propias limitaciones a los cuatro vientos sin más norte que el mundo visto a través de sí mismo.

Como otros, completa, complementa y concreta el decorado urbano y únicamente su aparente seguridad le hace pertenecer al lote de los habituales.

Desde bien temprano, con la prisa de un horario o la paciencia de un perro obligado a orinar en fecha y hora previstas, tropezando con su sombra con la mirada perdida.

Ya de noche  vomita sus miserias en alguna barra de hígados destrozados con o sin la ocasión de tropezar  con otra mirada similar o por lo menos perderse.

No hay reflexión mas cruda que volver a tu madriguera con las mismas miserias que sacaste a pasear sin haber vaciado el alma ni los testículos: la excelencia del ahorro que no aparece en las estadísticas.

Llenan la calle, los bares, las ventanillas de los servidores públicos o privados, los autobuses y los lugares de cultura: el mundo no ha evolucionado lo suficiente como para obligarles a quedarse en casa o racionarles las salidas  en nombre del bien general: avisar a la población para estar preparados y tenerles en cuenta: cobrar, tal vez, un plus de bienestar en dinero o especies por aguantarles si, por algún casual te salpica una dosis excesiva de su infinita estupidez y te trastoca el rumbo o dejarlos ocupar calles, plazas y aparcamientos con la resignación conformista de que el mundo es y continuará siendo así.

Que crús.

 

 

 

 

Nuevas tecnologías, nuevos negocios. 03.10

 

En una carretera poco transitada, en el sur de Marruecos, de pronto me para la policía   y me dice que he cometido un exceso de velocidad, que tienen un radar muy moderno que lo corrobora, que ponía a 80 y yo iba a 86.

Le digo que si lo dice el radar que seguro que es cierto pero que me conozco el país y procuro ser muy prudente y circular a la velocidad permitida o quizás un poco menos (cosa que es cierta).

Me enseña el formulario de la multa (que ya conocía) insistiendo en la cantidad (400 dirhams, unos 37 euros) a la vez que me pide mi permiso de conducir y la documentación del coche. Hasta aquí todo funciona como en el resto del mundo.

Me pregunta dónde voy y le digo que ya estoy de regreso, que si han terminado mis vacaciones y le digo que lo que se me ha terminado es el dinero.

Entonces se compadece de mí y me pregunta si me pone la multa o no. Le digo que él es el profesional y sabrá lo que tiene que hacer, pero vd dice que ya se le ha acabado el dinero, así que me propone pagar la mitad (sin rellenar el formulario, naturalmente), y le digo que sí, pero que todavía sigue siendo mucho dinero. No acepta el regateo insistiendo en que con doscientos la cosa queda resuelta.

Le pago y en ese mismo instante se convierte en mi amigo (acabo de subvencionarle el sueldo de cuatro días), y yo sigo insistiendo en que no me explico cómo me ha podido pasar.

Entonces, como es mi amigo me lo explica: el radar esta puesto en una cuesta abajo, donde el coche siempre aumente ocho o nueve kilómetros su velocidad: si vd iba a 80 tendría que haber frenado porque el coche sin hacerle nada, en esa cuesta aumenta  la velocidad, así que con ese sistema nos pillan a todos, y como el radar es moderno y europeo nadie lo discute.

No contento con esa confesión (y es que 200 dirhams es un capital), me pasa a informar de todos los radares que me voy a encontrar en la ruta y donde están situados.

Nuevas tecnologías y nuevos negocios, pero sobre todo haciendo amigos.

Los árabes y las circunstancias 03.10

Hay un temporal extraordinario que está afectando a Marruecos del mismo modo que a Andalucía. Este es un país donde llueve muy pocas veces y el fenómeno resulta extraordinario. Pero el, llamémosle orgullo árabe hace que ellos actúen como si aquello fuera normal.

En la carretera aparecen coches y camiones tirados en la cuneta en mayor proporción de lo normal y los accidentes se multiplican.

Es costumbre en todo el país salir por las tardes a pasear por las calles céntricas de las ciudades. Está lloviendo y el viento es potente, pero ellos (y ellas), como si aquello fuera un día normal y convierten el paseo vespertino en una especie de tomatina o pelea de paraguas  donde todos tropiezan con todos, con la mitad de ellos vueltos del revés por el viento (porque naturalmente son paraguas baratitos). A eso hay que añadirle los  jóvenes masculinos que presumen en medio de la calle de aguantar el chaparrón: a mas agua, mas machotes deben pensar: un espectáculo inolvidable.

Cansado de recibir paraguazos me meto en un café a disfrutar del tantoscientos  capítulo de la fotonovela de moda y me sorprende que, salvo alguna anciana, ninguna mujer lleva velo, cuando en todas partes son raras las mujeres que no lo llevan desde la más tierna infancia. Además, casi todos los personajes son rubios y de ojos claros, cochazos impresionantes y todos los electrodomésticos en marcha, igualito que en la realidad.

Dar una vuelta para ver a nuestros vecinos a veces puede resultar surrealista.

 

 

 

Tanger 03,10

Me dice el muchacho que me sirve la cena que cuando llueve muchos días seguidos o sopla mucho viento, los tangerinos se ponen nerviosos.

Otra vez más para comunicarse conmigo usan el francés en esta ciudad donde todo el mundo sabía español y que estuvo bajo  nuestra ‘protección’.

En la Avda. de España (una especie de paseo marítimo) acuden todos los ociosos que no tienen ni para el café con leche eterno (muchos de ellos llenan las terrazas de los bares ante un café con leche y lo estiran toda la mañana). Si como ocurre esta vez, eres el único extranjero, todo el mundo viene a ofrecerte algo (generalmente hachís) pero algunos amplían la oferta: amigo que queres, chicas, chicos, buen chocolate ?.

Otro se ha inventado (o copiado) un slogan para potenciar la venta: ‘ a veces lo barato es mu güeno’.

Las primeras horas te las pasas diciéndole a todo el mundo que no quieres nada, y en el segundo intento de paseo parece que te dejan más tranquilo porque eres el único y porque ellos se comunican mucho las cosas importantes.

A plena luz del día, unos pre-adolescentes de muy mal aspecto se meten, como jugando, debajo de un camión que ha parado en un semáforo, próximo a entrar en el puerto: buscan agujeros donde meterse  y, cuando el camión se pone en marcha, tres de ellos se quedan tumbados en el suelo (todo el mundo al suelo), en el hueco entre las ruedas mientras los otros que no han participado en el juego, avisan al conductor que conduce detrás del camión para que no los aplaste. ¿No juegan los niños de Afganistan  con metralletas de juguete a las guerras? Pues estos juegan a la emigración que es un juego que se lleva mucho últimamente por esta zona.

Me doy una vuelta por el Zoco Chico para ver si el hotel Mauritania sigue en su sitio. Este hotel debe tener el record de alquiler de habitaciones por horas en todos los sentidos. También se dijo que cuando el negocio se vino abajo lo ocuparon infinidad de subsaharianos como sala de espera de próximas pateras. Ahora no se ven por el zoco, o están escondidos o simplemente los han tirado al monte.

 

 

El estrecho 03,10

Pasar el Estrecho de Gibraltar en barco en circunstancias poco favorables (borrasca, lluvias constantes a uno y otro lado y un oleaje regularcito), es algo que en las numerosas veces que he pasado nunca había vivido.

En una gasolinera de Estepona pregunto a unos vendedores de pasajes y me dicen que no salen barcos para Tánger, que solo para Ceuta.

Cuando llego al puerto de Algeciras me comunican que si que salen, pero que me de prisa porque hay uno a punto.

Las innumerables señales que adornan uno de los puertos más importantes del Mediterráneo parece que las han sembrado a voleo y con la cortina de agua que cae es de premio encontrar el  lugar del embarque.

Después de darme una vuelta por una zona en obras (y en baches llenitos de agua), de enviarme de nuevo a la ciudad y de volver a entrar, al fin encuentro el barco que está ‘a punto de salir’: dos o tres centenares de coches y furgonetas perfectamente en filas para embarcar.

Sigue lloviendo y no sale ningún barco. Ningún policía (con supuesta oposición para el cargo), ni  miembros de compañía alguna sale a decir nada porque llueve y en Algeciras, cuando llueve no se moja nadie en ningún sentido.

Lo que a las 10 de la mañana había que darse prisa, se vislumbra a las 4 de la tarde en un embarque caótico donde cada cual va empujando para ser el primero sin que nadie de uniforme indique nada (siguen sin mojarse).

Ya se me había advertido que solo salían los barcos ‘lentos’ que el tiempo no dejaba a los rápidos, pero aquello era lento en todos los sentidos.

Los pasajeros, con muy pocos extranjeros, se componían principalmente de varones entre 20 y 50 años marroquís residentes en Francia o España, que nada más entrar y pisar la moqueta, les debió reflejar el recuerdo y la añoranza de las alfombras caseras, y, despreciando los asientos casi cómodos de que dispone la compañía, se tumban casi todos en el suelo transformando el formato que se nos vende de ‘crucero’ en un campamento de refugiados. Naturalmente todos se descalzan que para eso  casi están en casa, en una especie de actitud que camina entre la nostalgia  y la transgresión, como siguiendo las instrucciones de aquel guardia civil el 23-F.: ‘todos al suelo’.

Lo que a veces resuelves en dos o tres horitas esta vez duró 13, porque al llegar a Tánger  hay un valor añadido: los impresos para declarar la entrada del coche no están a la libre disposición de los ciudadanos sino en manos de unos oriundos del lugar que te lo rellenan por una módica cantidad (de euros, claro). La policía esta vez me hace subir a ver al jefe y es que en el pasaporte que llevo no figura ninguna otra entrada en el país, y así hasta el infinito.

Dice J.L. Sampedro que el mundo se vive en las fronteras. En este caso, la sensación de tercer mundo se tiene bastante antes de llegar a él. Hacia abajo y tan cerquita que no parece verdad.

 

 

Acné 10.02

 

Fue en este mismo banco, yo estaba leyendo y tú me preguntaste la hora: llevabas reloj y te lo hice saber, dijiste que te gustaba conocer desconocidos mayores, que no importaba que te doblara o triplicara la edad, que había que romper moldes burgueses y la hora era una buena excusa; yo te hice un guiño de aprobación encantado de conocer gente que rompe costumbres ancestrales que incomunican, aíslan, separan, aplazan encuentros en esta existencia mía mediocre, repetitiva, aburrida, solitaria donde el acercamiento a nuevas generaciones (que mal suena esto) se limita a la evolución académica, estado de salud, aficiones poco entendidas de los hijos/as de amigos, limitado en si mismo, estrecho horizonte, embudo comunicativo repetido desde el nacimiento y vuelto a asomar en fechas o acontecimientos extraordinarios: finales de cursos escolares o académicos, cambios de pandilla, aficiones musicales de alto voltaje, ansiedad en fines de semana de espera impaciente, primeras vacaciones separadas. . . Me hiciste ver que era posible otra relación con los adultos diferente, clandestina y por tanto transgresora, subversiva y morbosa, como las que se vienen dando en internet donde nunca se ven las caras y el anonimato da paso a la excitación y al desahogo instantáneo. Me hiciste participar de la atracción que dijiste tener hacia las personas mayores de carnes flácidas y experiencia de vida, te excitaba la madurez y el saber estar de profesores, amigos de tus padres y hasta el hombre del tiempo, que eran sus imágenes tus fantasías masturbatorias; me contaste que te constaba la actividad que algunos mayores habían llevado a cabo en los setenta en los laberintos de las drogas o el sexo libre, que encontrabas en los mayores la experiencia, la ciencia, la paciencia, la conciencia tan contrarias a las personas de tu edad ofuscados en videojuegos, marcas comerciales y mensajes de móviles, que eras consciente de que la única moneda de cambio que tenías era tu cuerpo y lo brindabas sin recato para intercambiar por la madurez añorada, deseada, esperada, aplazada.

Yo fui dándote la razón en todo y tú, entonces propusiste una nueva cita, exenta de prólogos innecesarios, directa al corazón y a las ingles que nos pusiera en disposición de entrar en otra dimensión, otras coordenadas, donde en una tarde  si sale mal lo dejamos y si sale bien repetimos, pudiéramos ir subiendo los peldaños de la vida sin compromisos, ataduras, convenios, reglamentos, promesas, esperanzas; una nueva cita donde prevaleciese el deseo, el instinto, los sentidos, el olor, el tacto, frente a las inhibiciones burguesas transmitidas por generaciones, inventadas en el vaticano y metidas con calzador hasta lo más profundo de nuestras cabecitas; un nuevo encuentro fuera de las leyes de los gobiernos, siempre detrás de las personas y con que arrogancia los gobiernos deciden lo que tenemos que hacer con nuestro cuerpo, sin temor policial por tu minoría de edad, sin nombres ni signos zodiacales, sin estudias o trabajas, libre como los animales (que mal suena), como los pájaros (poético y trillado), pero con todo lo que los humanos hemos aprendido gracias a la escritura , la evolución de las especies y el pulgar en oposición, y yo no sabía qué contestar porque pesaba sobre mi cabeza el agobio gubernamental  de la corrupción de menores corrompidos ni las campañas anti porno infantil hasta los dieciocho y cerré los ojos, respiré profundo  y te respondí sin pensar si nos oía alguien o si me estabas grabando para un programa sensacionalista de televisión:

Si vienes a la cita te llevaré a una pensión , cubriré la cama con pétalos de rosas rojas, pondré velas e incienso, te adornaré con un collar de condones y follaré contigo, después extenderemos mermelada de higos en nuestras ingles y merendaremos juntos; sorprendido de mi mismo, de haber usado mi libertad noté de pronto unos temblores como de parkinson y un sudor intenso que mojó toda mi espalda; cuando nos despedimos yo casi no tenía voz:  no faltes, dijiste, no faltaré, contesté; y sacaste un poco la lengua, te humedeciste los labios, me mandaste un beso lleno de promesas y te fuiste con la tarde y tu mochila mientras una descarga como eléctrica me recorrió de arriba abajo y lloré un poco por dentro.

Al marcharte pensé que necesitaba un espejo para ver si la intensidad de las emociones vividas había dejado huella en mi cara, si se me notaba, si había que restaurar la fachada para volver a integrarme en el  mundo de los vivos, busqué un bar, pedí un coñac, otro, lavabo, espejo, lavarme la cara, pulsar el botón interno de puesta a punto, volver a mi casa, enchufar todo lo que hiciera ruido, cantara o vomitara imágenes, bañera, otro coñac y un ‘dios mío’ que sonaba  en mi interior como un disco rayado.

Los días que siguieron fueron casi normales en el horario laboral y de preparativos por las tardes: quién me mandaría a mí, la educación cristiana, el inconsciente, el control social y a la vez preparando compras para la cita,  poniéndolas todas en una bolsa comercial como si se tratara de un picnic para una excursión al más allá.

Esperé, esperaste el día con la impaciencia que no había, habías sentido desde la adolescencia, atropellando objetos, inquieto en cualquier rincón, obedeciendo, tal vez, a subidones hormonales ya olvidados: paseé, paseaste por la salida del instituto próximo a casa para terminar de entenderlo, para ver los empujones o los mensajes electrónicos que intercambiabais, para creértelo y otra vez el quién me mandaría a mí y el dios mío y los temblores; recordé, recordaste un debate en la radio sobre la edad de consentimiento sexual y el interés de los gobiernos por regular los impulsos del personal: aquel oyente que llamó por teléfono y para proponer el criterio de peso: si el o la joven sobrepasaba los cincuenta kilos ya podía hacerlo: le cortaron por pervertido echando mano de las últimas noticias que alertaban del sobrepeso de nuestros niños con respecto al resto de Europa.

Preparé, preparaste la cita con meticulosidad religiosa: cuidando los detalles: saboreando cada objeto o momento relacionado con la cita: reservé, reservaste habitación en un hotelito de confianza: utilizaríais un taxi evitando el inevitable encuentro con alguien conocido que siempre asoma en los momentos inoportunos estropeándolo todo, forzándome, forzándote a buscar explicaciones inexplicables: sin poder dormir por las noches en un torbellino de sueños, realidades, deseos, temores sociales, excitación sexual casi adolescente y una gama de pensamientos diversos  y contradictorios en una actividad mental excesiva ya olvidada por años de rutina.

Llegué, llegaste a la cita con los ingredientes en la mochila, unas décimas de fiebre y ese temblor de manos que cambiaba la intensidad pero no desaparecía del todo: esperé, esperaste en este mismo banco inventando excusas para los posibles encuentros no deseados y no vino nadie: no acudió  a la cita: esperé, esperaste hasta el anochecer, cuando ya  se habían ido los temblores, el sudor inoportuno y la fiebre: encendí, encendiste un cigarrillo y sin saber cómo, tiré, tiraste la mochila a un contenedor mientras volví, volvías a casa como un sonámbulo.

Una vez en soledad y con la seguridad que dan el entorno conocido, pensé, pensaste  en lo que pudo haber sido y no fue, que tal vez era lo mejor, que, a pesar del fracaso se trataba de una experiencia enriquecedora tal y como habías aprendido en cursos de autoestima, adornando la bajada con que soy, era un ser despreciable y afortunado,  mezquino y fantástico.

Busqué, buscaste un spray negro de repintar el coche y una pared sin cuadros: sin saber porqué, como en las coplas escribí, escribiste con grandes letras: La perla es una enfermedad de la ostra, la espina una necesidad de la rosa.

Dormí, dormiste profundamente un rato y al despertar se te ocurrió llamar a unos amigos muy cercanos y preguntarles por sus hijos adolescentes: cosas intrascendentes: los avances escolares, los amigos que frecuentan, los estados de salud.

 

Chema: 10.02

Mirando al mar 08.02

 

 

Desde que dejaron de renovarle el contrato, las mañanas eran vacías: sin ánimos para volver a hacer tumbing en el sofá como pocos años antes en una adolescencia de mando a distancia y pocas duchas. Sin ganas de colaborar en asuntos domésticos pese a las llamadas de socorro de su madre.

Sin intimidad en su habitación donde las incursiones con cualquier excusa eran frecuentes: ni la radio, la tele,  los videojuegos,  comics, mensajes de móviles ni todos los artilugios que la clase media pone al alcance de sus retoños podían distraerle: hacer pasar tiempo más deprisa para acercar el encuentro con los colegas a su salida del trabajo o de la facultad, con la relación estable haciéndose añicos porque yo no sé que te pasa pero estás muy raro y no me haces cariños ni me abrazas como antes que ya me estoy pensando que debemos tomarnos unas vacaciones, pero comprende que no me han renovado el contrato y estoy como triste y si no quieres compartir mis momentos de tristeza y solo me quieres para la fiesta tal vez tengas razón y debamos tomarnos unas vacaciones de cariño pero yo continuaría con el sexo porque si no me voy a poner peor, lo que me faltaba, nunca hubiera pensado que en situaciones difíciles solo era un agujero para ti, mejor que nos tomemos las vacaciones pero larguitas, chaval.

Todas las mañanas sale a la calle con las manos en los bolsillos y la mirada en el suelo, tropezando a menudo con jubilados o amas de casa a su regreso de la compra con infinitas bolsas de plástico, pero hoy, escarbando en los bolsillos ha localizado un bonobús y decide acercarse al puerto, porque está el mar que siempre ayuda y porque siempre ha pensado que es una bonita postal la de un joven triste sentado en la escollera escupiendo a las olas.

Toma el bus y se sienta con la mirada perdida en el cristal sin reparar que una señora de edad se sienta a su lado y empieza a hacer comentarios sobre el cambio climático y la inflación. Debía estar hablando dos o tres paradas y no había reparado que se estaba dirigiendo a él: se vuelve, la mira y asiente con la cabeza en el convencimiento de que su interlocutora percibiría su dejadez, su apatía ante el mundo y sus problemas y dejaría de hablarle, pero entonces ella, mirándole a los ojos le pregunta tú crees que se puede ser santo sin creer y a continuación te parece que las putas son inteligentes o al menos felices y nuestro héroe se queda seco al instante, la mira de arriba abajo, debe tener como cuarenta o más pero arregladita y las tetas grandes (siempre la costumbre de comenzar a mirar hembras por el pectoral), cierra los ojos un instante  y piensa en hacer sexo salvaje con ella que algún amigo ha tenido experiencias parecidas y después son insaciables y la pareja estable se desestabilizó y aquí no hay quien meta, pero recupera el aliento y le contesta no sé señora yo tengo bastante con lo mío, ella cogiéndose a lo más ardiente del clavo le pregunta si no es molestia qué es lo suyo y F que así se llama prefiere quedarse en su pozo negro y echando mano de salidas frecuentes en la adolescencia le pide que le deje en paz que no nos conocemos de nada cerrando el capítulo, pero hay por parte de la señora un nuevo intento en su afán comunicativo y le ruega una última pregunta usted cree que los gobernantes lo saben todo de nosotros y F decide directamente bajarse en la próxima que es la cuarta antes del puerto aceptando la obligación de caminar un largo trecho y despejarse de tanto agobio mañanero.

De nuevo caminar, de nuevo manos en bolsillos y mirada baja, pero ahora su cabeza se ha vaciado del vacío y se ha llenado de señora y sus pensamientos van desde los santos a las putas y desde estas al gobierno en un triángulo existencial de tres puntos cardinales entre los que ubicarse la vida o el pensamiento, debe ser bruja, piensa F o adivina porque me ha dado donde más duele, me nombra los santos el mismo día en que mi madre dice que hago vida de santo, habla de putas cuando llevo sin meter dos semanas y me remite al gobierno, responsable seguramente de la no renovación de mi contrato, qué sabe esta mujer de mí, se tratará de una mafia que va captando gente para convertirla en correo de coca viaja que te viaja en avión y venga de dinerito fácil hasta pudrirte en el talego o tiroteado, eran estrategias para ligar como mi amigo con la casada que apareció como discreta y sencilla y terminó secándole los depósitos de semen en un furor uterino que ni en las películas, o tal vez simplemente una persona solitaria con ganas de comunicarse con alguien, teléfono de la esperanza se me nota que estoy echo polvo triste como un  lord Byron  sin contrato que lo único que deseaba esta mañana era crear una postal de joven triste mirando al mar soñé.

Conforme va acercándose al puerto comienza a cambiarle el aspecto, está preocupado por alguien que no conoce de nada, ventajas de la ciudad sobre el pueblo donde todos se conocen y un caso así viene precedido de una amable ficha consensuada, no le hagas caso que es una colgada o ya te daré detalles, pero no le des cuartel que marea mucho,  porque me ha elegido a mí, tiene el asiento reservado o habrá tomado aquellas pastillas que los médicos recetaban a las señoras metidas en kilos para adelgazar y les daba por hablar convirtiendo las tiendas en gallineros con sus incontinencias verbales desde el principio de las mañanas porque íbamos a entrar en Europa  y no estábamos presentables, o a lo mejor iba de ácido que estas de cuarenta vivieron lo suyo en los finales de la dictadura y quedaron colgados de la parra un porcentaje nada despreciable, como mis amigos que se hacen los canutos con papá aquí no pasa nada, en realidad no debe de tener hijos o no le hacen caso y me ha querido tomar como hijo para desarrollar instintos maternales y darme consejos para después echarse a llorar en mi hombro y pedirme un polvo de consolación, siempre pensando en lo mismo y es que la castidad no es lo mío y sin dinero para pagarse un arreglito de estrene porque siempre me he definido contrario al comercio sexual que el amor es el amor y el dinero es el dinero.

El trayecto se ha hecho corto y F está mirando al mar en una de las piedras, lejos de la ciudad con barcos que entran salen cargan o descargan, ruidos de máquinas ahogados por el de las olas acostumbradas a ahogar y rebusca entre los rincones de los bolsillos para buscar una china cuando recuerda que se la terminó anoche y le propina una patada a la piedra de la derecha entre la impotencia y el conformismo haciéndose daño y comprobando una vez más que en los estados de ánimo negros o al menos oscuros, el dolor te devuelve a la realidad y, sin querer le viene a la boca su canción de los días grises del alma, cuya verdad es, tal vez, el único consejo entre miles de ellos que ha aceptado de su padre: tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor.

F no sabe cuanto tiempo lleva mirando las olas, tampoco sabe si tiene hambre, sed o ganas de orinar, está como ido o venido en aquel ir y venir del mar a sus zapatillas,  no lleva reloj, para que, tampoco ha tomado como referencia los barcos y sus desplazamientos o cargas  y descargas para tener una noción del tiempo transcurrido desde su llegada a la escollera, algún amigo le había hablado de que a veces la gente se coloca sin fumar y entra con solo el poder de su mente en estados parecidos de soñar despierto, de trance pret a porter yo me lo guiso yo me lo como, igual que en aquella acampada en que hicieron fumar a los pequeños un porro de poleo haciéndoles creer que iba en serio y los chavales se colocaron y empezaron a ver colorines por la cara, pues no está mal, colocado gratis como rebajas institucionales para los contratos no renovados, tendrá razón la señora que el gobierno lo sabe todo y han decidido darme un premio de consolación o será cosa de dios, o acaso el gobierno y dios son la misma cosa.

Cierra los ojos un instante para disfrutar el asunto y cuando decide abrirlos se encuentra sentada tres piedras más arriba a la misma, si, la misma señora del autobús que de la misma manera que F mira las olas con la mirada perdida.

Tras dos escalofríos (uno para asegurarse de que se trata de la misma mujer y el segundo para comprobar que está sentada allí), la mira de nuevo, no recuerda si lleva puesta la misma ropa porque no se había fijado en la ropa, pero parece la misma y a F le invade un sentimiento de culpa, de haberla tratado mal, de no intentar ponerse en el lugar del otro, de pensar en algo que no sea en sí mismo, de ser insociable y vuelve a mirarla escrutando todo su cuerpo y a la vez incómodo porque su presencia acaba de romper su postal construyendo otra nueva o dos postales en una, se hace un silencio de ruidos de olas y máquinas que ella rompe en un tono de voz que F identifica como el del autobús y cuyo contenido vuelve a ser el disloque del clima que deja a F perplejo y mudo, pero ahora no asiente con la cabeza, sino que sube y baja dos veces los hombros dejando aparecer una leve sonrisa de las de no dar confianza absoluta sino insinuar posibilidades, vuelve ella a insistir sobre las subidas de precios descontroladas por la llegada de la nueva moneda y el abuso de intermediarios y comerciantes en general y F repite lo de los hombros dejando que la sonrisa sea un poco más abierta que en este caso suele confundirse con vamos a darle la razón no sea peor el remedio, y entonces ella le pregunta si las putas son inteligentes o por lo menos felices lo que provoca en F un cambio radical en su sonrisa que desaparece dando paso a una expresión neutra que en realidad es de curiosidad con dosis de pánico porque acaba de comprobar que, al contrario de lo que suponía, ella no lo ha identificado como el mismo joven del autobús y por tanto está comenzando la historia como si no hubiera antecedentes y se tratara de otro joven, otra persona y F se siente con ventaja en la transacción verbal porque él si  la ha identificado y sabe que se está repitiendo, que es lo mismo que ocurrió hace no sabe cuántas horas antes en el trayecto hacia el puerto, o todo ha sido un sueño y está sucediendo por primera vez, habrá que llevar cuidado con los colocones caseros que parece que pueden tener efectos imprevisibles.

La mujer, al igual que la primera vez, no espera respuestas y vuelve a insistir con  que posiblemente el gobierno que ya para entonces es dios, lo sabe todo sobre nosotros añadiendo que no se puede engañar y que el ministerio central de inteligencia es el de hacienda y por eso hace declaraciones paralelas de las que solo se libran los amigos, familiares y allegados de los que mandan a lo que F responde por primera vez si probablemente y la mujer se emociona al oír su voz añadiendo una cuestión más al repertorio que no estaba en el guión de la primera vez, se acerca una piedra  a F y mirándole directamente a los ojos por primera vez le pregunta de qué están hechos los sueños, F se queda con cara de guardia real británico, piensa que desde la mas profunda incomunicación, aquella mujer le está tocando fibras muy sensibles, le mueve los cimientos que F creía seguros, la mira fijamente, se acerca hacia ella inclinándose y le contesta: de nubes, los sueños están hechos de nubes, hace una pausa, endurece el tono de voz y concluye:

 bájate las bragas.

 

Palomas (cuento para no creyentes) 02.10

 

Las palomas son la representación de la paz y también, para los creyentes el Espíritu Santo.

Es por eso que suelen vivir sobre las iglesias o algunos monumentos antiguos que, sin duda, ellas confunden con catedrales.

A simple vista no parecen inteligentes, pero como todos los torpes son fieles al refrán ‘dame pan y llámame tonto’.

En la religión cristiana, la virgen María se mareó unos meses, tras la anunciación con el tema de la colombicultura: el marido carpintero parece que no tuvo nada que ver con el embarazo, que fue cosa del espíritu santo, o sea de la paloma, por lo que María anduvo dudando entre si iba a parir un niño o simplemente iba a poner un huevo.

Por fin salio  niño, envuelto en un misterio (el de la Santísima Trinidad), y, pasando los años, armó tal cristo que la cosa se fue extendiendo hasta convertirse en la multinacional con mas sucursales (iglesias) del mundo, donde siguen acudiendo las palomas seguramente a buscar sus orígenes o simplemente a apoyar el negocio.

Pero por su condición animal, las palomas, al igual que el resto de los animales, cagan, y la mierda de paloma es especialmente corrosiva, va muy cargada de ácidos y destroza todo cuanto toca.

Esta circunstancia ha hecho que algunos gobiernos alejados de la fe como en Francia, proponga ir exterminándolas.

Los creyentes seguidores del mayor negocio multinacional con mas sucursales, como expresión de su fe, acuden los domingos a las iglesias a realizar tareas de mantenimiento y hacen en ellas sus celebraciones mas importantes que son las bodas, los bautizos y las comuniones.

Muchos y sobre todo muchas creyentes, antes de estas celebraciones, y seguramente para reforzar su fe, se compran ropas bonitas, se ponen cremas y van a la peluquería para estar mas guapos. Convocan a los familiares y amigos y cuando terminan las ceremonias, al salir de las iglesias, en la misma puerta, se hacen fotos para pasar a la posteridad antes de marchar para el banquete, exhibiendo sonrisas forzadas y enseñando ropita y peinados.

Es entonces cuando las palomas se cagan sobre sus cabezas o sus vestidos, lo que provoca no pocas veces pérdidas de fe llegando incluso a blasfemar.

Es que no llegan a comprender que aquello no es sino un regalo del señor, otro regalo mas de los que se reciben en estas celebraciones, pero nada menos que del Espíritu Santo.

Agradecidos deberían estar.

 

 

11. Playas horteras 02/10

Dejo los ultimos dias para relax playero despues de tanto stress y me decido por Kho Samet, una pequenya isla no lejos de Bangkok con sus cabanyitas hippies y su playita guay, pero la isla ya no es lo que era y ha habido una avalancha de guiris que ha disparado los precios, asi que, a mi pesar, tengo que recalar en Pattaya (el Benidorm thai) que ademas tiene un servicio de microbuses que te lleva directamente al aeropuerto.

Toalla (del hotel, claro), bronceador, novelita y a hacer un curso acelerado de hortera playero.

El agua del Golfo de Thailandia, incluso aqui, es de un verde azulado y la temperatura como mas caliente que la Malva-Rosa en agosto.

Una  vez extiendes la toalla compruebas que a tu alrededor se han puesto en marcha diferentes industrias, generalmente familiares que te ofrecen de todo:

- La comida va desde frutas peladitas y cortaditas pasando por frutos secos, langostinos cocidos o peladitos y fritos,pescados a la plancha con papel aluminio en los dos extremos para no mancharte, refrescos, helados y hasta una sopa calentita para templar el cuerpo donde la temperatura oscila entre los 35 y los 40. 

-Toallas, banyadores, pareos, flotadores y plastiquets para los children, etc.

- Pajaritos en su jaula

- Gafas de sol, mecheros boligrafos y bisuteria

- Videos porno heteros y gay de aficionados que luego no se ven (la ultima vez que compre uno para satisfacer mis aficiones cinematograficas pude comprobarlo).

-Unos perritos con la cabeza suspendida que siempre dicen que si, seguramente para compensar todas las cabezas foreing que estamos constantemente diciendo que no.

- La seccion farmacia es posiblemente la mas sorprendente: viagras falsos, estimulantes locales de la libido, aceites, bronceadores, etc.  y naturalmente los consabidos masajes (alli mismo).

Junto a mi hay un ancianito muchisimo mas viejo que yo, que duerme mientras se broncea con un aspecto tal que varias veces he creido que se habia muerto. Cada media hora resucita, abre una cajita de plastico sumergible y de entre un par de docenas coje una pastillita (ahora blanca, ahora rojita), y se la mete, volviendose a dormir-morir otro rato.

Como tiene que haber de todo y este es un sitio hortera donde los haya, hay unos salvajes con motos acuaticas que suben a unos gilipollas (generalmente australianos que aqui siempre destacan en el tema) y se ponen a circular junto a la orilla hasta que tiran de la moto al gilipollas. Hay otra modalidad y es la misma moto acuatica con un cable del que se engancha una especie de salchicha de plastico donde se pueden subir hasta dos gilipollas y la misma dinamica: agarrate que conseguire que caigas al agua. Y hay que ver lo bien que se lo pasan.

Un poco mas adentro hay cosas de esas que deben tener un nombre pero que no ha llegado a mi vocabulario que consisten en que te montas en una especie de paracaidas y de ti hay un cable enganchado a una lancha y a disfrutar.

Oigo hablar castellano y decido aprovechar la ocasion para practicar que llevo varios dias sin hablar con nadie: se trata de un individuo que cualquiera con tendencia a clasificar catalogaria de vividor, catalan, bronceado hasta en el n.i.f. encantado de conocerme y tenemos unas palabritas. Me dejo aconsejar porque parece que es experto en esta playa y me confiesa que de todo el sudeste asiatico este es el lugar donde mejor la chupan, que la mamada debe ser considerada como deporte nacional o al menos como un arte marcial, que a el eso de los condones como que le baja los animos.

Me invita a una cerveza y me dice: Ay, valensianet,  la que teneis montada ahi con el tio ese de los trajes . . .

Le acompanya una belga que habla castellano y que ha dejado entrar la cirugia plastica una docena de veces en su cuerpo: unas tetas de escandalo y casi es de mi edad. Los dos componen una pareja que haria estragos en Telecinco.

Hortera, cosmopolita y a lucir bronceado para comentar con las amigas en las meriendas en Vips: todo un lujo a su alcance: tiempo libre, un billetito, doce horas de vuelo y a tostarse al sol del Indico.

10. Chinesse new year

El barrio chino de Bangkok lo componen una decena de calles, pero el ambiente es tan diferente al resto de la ciudad que da la impresion de estar en otro lugar. Las tiendas, los olores, los restaurantes callejeros ofrecen al visitante unos olores  completamente diferentes.

Dos dias antes de la fecha ya tienen las calles principales engalanadas con pancartas y farolas (chinas, naturalmente), de color rojo, y empiezan a vender camisas y camisetas del mismo color. En algunas tiendas, el dia anterior ponen en el suelo todo un menu de comidas, frutas e inciensos. Les pregunto si es la cena de nochevieja y me dicen que no, que es para Buda, pero el Buda chino. Le digo que debe tener mucha hambre a juzgar por el derroche y me dicen que despues de ofrecerlo ellos ayudaran a Buda a dejar aquello liquidado.  La cosa acaba con un desfile de autoridades y una suelta de dragones, tracas (chinas, naturalmente) y musica en vivo. En toda la ciudad, donde quiera que haya un chino alli aparecen las farolitas y los colgajos: en fin, la mar de entretenido.

Vamos a salir de esta ciudad tan enloquecida y buscaremos un poco mas al sur una playita tranquila que ya quedan pocos dias.

 

9.- Bangkok

Esta ciudad debio ser donde se inspiraron para hacer Blade Runner: lo que se habia dado en llamar la Venecia de oriente por sus canales, ha visto como los iban cubriendo de cemento para dar paso a la circulacion y sus muchos millones de habitantes. Como a pesar de eso no cabian, decidieron hacer un tren aereo (sky train) que pasa por entre los rascacielos y sobre las casas bajas que estan mezclados a la buena de dios: la chabola junto al super edificio de cien plantas cristalizado.

Como no se resolvia el problema de los embotellamientos y el colapso casi constante de la circulacion, se pusieron a construir autopistas de peaje elevadas en medio de la ciudad, por lo que hay momentos en que coinciden dos o tres de ellas con el sky tren. Si a esto le sumas un monton de anuncios luminosos, grandes pantallas y un ruido ensordecedor, y lo pones todo a cuarenta grados podeis imaginar como es Bangkok en la actualidad.

El domingo 14 de febrero, los chinos celebran su nuevo anyo 2553, (los chinos siempre por delante), y aunque tal y como me contaba un viajero chino que conoci en el bus, en China no le dan mucha importancia y los festejos son oficiales, pero en Bangkok y en otras ciudades con una poblacion china considerable, echan toda la carne en el asador.

Chinatown no es muy grande, pero  se trata especialmente del clima que alli se respira, totalmente diferente al resto de la ciudad.

En espera del new year, han llenado las calles de pancartas, cintas colgando y miles de farolas (chinas naturalmente), donde el unico color es el rojo y la verdad que esto promete.

En Silom y otras zonas de ocio de BKK. tambien se estan preparando para la fiesta y anuncian cabarets atrevidos en medio de la calle y prentenden juntar las dos fiestas : la china con la de san maletin.

Si al menos refrescara un poquito.

8.- Shukothai

 Una ciudad media, no demasiado grande que fue en su dia la capital y que gracias a un rey culto y liberal la lleno de templos. Hoy estan todos formando un parque historico en un entorno delicioso. Es evidente que hasta aqui llegan solo los turistas preocupados por la cosa cultural o religiosa, con lo cual no esta masificado, los precios son muy atractivos y los servicios tambien.

El parque historico con un par de docenas de templos te lo haces en bici.

El ayuntamiento ha puesto  a la poblacion en forma. en un parque centrico, al atardecer un monitor de aerobic se sube al tablado y el publico (generalmente mujeres) todos a seguir el ritmo.

Al amanecer lo mismo pero con tai chi, para los mas mayores.

El unico inconveniente es que en ambos casos la musica la oye todo el pueblo.

Siete horas de bus y a Bangkok.

7. Flowers festival 02/10

Esta es la epoca del anyo cuando aparecen mas flores y es por ello que en Chiang Mai celebran un festival dedicado a ellas.

Durante viernes y sabado desde distintos lugares de la ciudad van en comitiva (muy oriental) a llevar una especie de carrozas decoradas con flores, para confluir todas en un mismo lugar.

Alli mismo se montan muchos altares de flores donde la gente va a hacerse fotos, asi como muchisimas tiendas de plantas y flores y otros tantos puestos de comida.

Es una buena ocasion para ver todo el catalogo de comiditas y la gran variedad de flores que tienen. Dos escenarios amenizan el asunto: uno con coreografias como de ensenyanzas medias en dia de fin de curso y el otro mas oficial con danzas tradicionales.

Como no pueden escapar de la influencia occidental ponen como fin de fiesta la eleccion de miss flowers 2010, que debe ser esta noche y que no me quiero perder.

En esta movida se ven pocos turistas, mas interesados en acabar con la cerveza o largarse a la selva, sin embargo para ellos es algo importante y vienen todas las familias, comen por el suelo y festejan el asunto en un clima muy apacible.

La verdad es que son muy poco violentos: ya he presenciado dos choques entre motos con caidas y todo el personal ha parado el trafico, los chocantes se han pedido disculpas y ha terminado la cosa en sonrisas. Igualito que en nuestro pais.

Se curran el turismo a su manera. Si vas a un restaurante varias veces seguidas empiezan enseguida a tener detalles contigo. En el hotel donde llevo ya unos dias tambien. Es su manera educada de fidelizar clientes. Ya parece que han inventado el turismo clinico: expertos dentistas de fama internacional (tienen fama de muy buenos), te hacen implantes cuyo precio es el nuestro dividido por 8 o por 10. Con un solo implante te pagas el viaje y con dos te tiras un mes aqui a cuerpo de rey. Con la cosa optica ocurre lo mismo (lo voy a comprobar cuando vuelva a Bangkok). Pronto ofreceran viaje, implante, excursiones,gafas, y como no, masajes por cantidades ridiculas. Estos si que saben buscar la pasta.

Los masajes son especiales y muy baratos. Una hora de reloj por entre 2,50 y 6 euros, porque los que anuncian a 8 euros me parece que son otra cosa. Saben bien el oficio y trabajan muy bien.